07.05.2014 El tiempo de la arquitectura

Aparte de que el día da paso a la noche, el varano al invierno, la lluvia a la sequía, el viento a la calma chicha y la humedad a la resequedad, los edificios solo se pueden usar y apreciar recorriéndolos. Incluso estando quietos en ellos se recorren con la mirada mientras pasa el tiempo. Se entra y se sale de ellos, se sube o se baja, se pasa de un recinto a otro, y todo cambia si se trata de un niño o un viejo y hasta de una mujer o un hombre y ni se diga de un enfermo o un discapacitado. Actividades todas que se llevan cabo no apenas en el espacio sino en el tiempo.

Es decir, que la arquitectura en este sentido es -.debería ser- la composición de espacios que permitan una secuencia de sucesos de la vida diaria de la gente como a lo largo de los años. Secuencia que precisamente es el instrumento único de la arquitectura para engendrar emociones. Como las que genera la directriz acodada en nuestra arquitectura colonial y de tradición colonial y que por otros caminos reencontraron los grandes maestros de la arquitectura moderna.

Espacios y tiempos que se han de recorrer por los diversos usuarios de los edificios y que hay que hacer evidentes en los planos, recorriéndolos con la imaginación. O haciendo animaciones con ayuda del computador, pero no volando frívolamente como lo hacen muchos vendedores de ilusiones, trampa en la que a su vez caen muchos, sino circulando por los espacios de los edificios, es decir viajando en el tiempo.

Y así como los vestidos duran mucho menos que las personas, los edificios duran mucho mas, y por eso es que ineludiblemente cambian como dice Rafael Moneo (La vida de los edificios, 1985). Pero pese a esta verdad de a puño, rara vez se diseña su tiempo, solo su espacio, pese a que cada vez es mas evidente el paso del tiempo en ellos, y que ahora hablamos de proyectarlos mas que de diseñarlos. Pero es que pasamos por alto que proyectar, además de hacer un proyecto de arquitectura o ingeniería, es también lanzar, dirigir hacia adelante o a distancia (DRAE).

Las viejas tipologías arquitectónicas permiten que los edificios cambien y que ellas evolucionen, con la enorme ventaja cultural de que así sea. Como la casa de patio en manzanas cerradas, típica de los barrios coloniales y de tradición colonial. Por ejemplo San Antonio en Cali, en su versión de medios patios y solar, antiquísima tipología que comparte con las casas de Cartagena, y que ha permitido su reinterpretación actual con éxito. De ahí que lo que es pertinente sea el conocimiento y uso de las tipologías mas indicadas, logrando un acuerdo entre clima paisaje y tradición como pedía Le Corbusier (Boesiger, Le Corbusier, Oeuvre complete 1938-46, 1955).

Si la lengua cambiara totalmente con cada generación, mucho mas de lo realmente necesario, pronto estaríamos en una torre de babel, que es precisamente en lo que se han convertido nuestras ciudades, de la mano de arquitectos que apenas buscan el espectáculo, copiando meramente edificios espectaculares de otras partes, y no recreando nuestras acertadas tipologías, como lo hizo Rogelio Salmona pero de lo que poco se habla. Basta pensar en su reincorporación de los patios a la arquitectura moderna del país, desde la Casa de Huéspedes Ilustres de Colombia, en Cartagena.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 07.05.2014

21.05.2014 Saber ver la ciudad

La euritmia es la buena disposición y correspondencia de las partes de una obra de arte. Y en la arquitectura depende de la proporción, que es la disposición, conformidad o correspondencia debida de las partes con el todo o entre sí. Es decir, la mayor o menor dimensión de una parte de un edificio con respecto a otra. Y escala es la sucesión ordenada de las distintas partes, como por ejemplo en la escalinata y la imponente fachada de la iglesia nueva de San Francisco, terminada a principios del siglo XIX, cosa que no parecen entender los que diseñan, copiando tontamente a Calatrava, esos nuevos puentes peatonales llenos de elementos pretenciosos que no necesitan.

En los edificios la percepción de las proporciones resulta de su impresión material en nuestros sentidos, al mismo tiempo física, estética y sicológica, y en consecuencia hay que evitar que sea contradictoria, en lo que precisamente consiste la buena arquitectura. Las escaleras, por ejemplo, tienen que ser funcionales y confortables pero también bellas, y enaltecer el espíritu cuando además son para mirar y ser mirado, como la de la entrada al edificio de la FES, de 1987, de Rogelio Salmona, Pedro Mejia, Jaime Vélez y Raúl Ortiz, hoy Centro Cultural de Cali, en la esquina del Teatro municipal, lo que seguramente no valoran los que quieren venderlo.

La percepción física en arquitectura tiene que ver, entonces, con la antropometría, es decir con las proporciones y medidas del cuerpo humano y los muebles y recintos que usamos. Aun cuando con frecuencia en ellos se da más importancia a la estética que a la comodidad, e incluso que a la seguridad, lo ético es resolver la contradicción y, paradójicamente, el resultado puede ser incluso mas estético. Precisamente es lo que se logra con una buena escalera de evacuación, cuya forma mas eficiente y segura es la helicoidal, y encerrada en hormigón para que no entre el humo y no sea afectada por el calor, cuyo resultado formal es un alto y bello cilindro.

Por su parte, la percepción estética de los edificios es relativa a la apreciación de su belleza, y esta depende de la armonía de su aspecto y proporción, de tal manera que su apariencia sea agradable y significativa. Estética que deriva del conjunto de los elementos estilísticos y temáticos que caracterizan a una determinada arquitectura. Como por ejemplo la moderna , con su conclusión de que “menos es mas”, atribuida a Luwig Mies van der Rohe, como también que la “forma sigue a la función”, propósito planteado por Louis Sullivan. Tal como sucede con la ética profesional y la estética moderna del cilindro mencionado arriba.

Finalmente, la percepción psicológica atañe al espíritu y a los procesos mentales de las personas y su conducta, a su manera de sentir, y juntos son los caracteres espirituales de una colectividad. Por eso debemos buscar un acuerdo entre climas, paisajes y tradiciones, como proponía Le Corbusier (Boesiger, Le Corbusier, Oeuvre complete 1938-46, 1955), integrando la muy antigua herencia de nuestra arquitectura colonial con la muy nueva de nuestra reciente arquitectura moderna. Como en la escalera del BCH, diseñado por Samuel García y Pablo Marulanda en 1960, la mas bella y desconocida de Cali, pese a la degradación que le ha hecho la DIAN.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 21.05.2014