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31.12.2016 El emplazamiento

En ¿Qué es la arquitectura? y 100 preguntas más, 2016, Rasmus Waern (1961- ), quien escribe mucho, y Gert Wingärdh (1951- ), quien diseña mucho (tal vez demasiado), destacados arquitectos suecos (Un libro, El País, 24/11/2016), plantean varios asuntos interesantes para todos sobre las ciudades y sus edificios, los que coinciden con lo mencionado reiteradamente tanto en Cali: ciudad y ciudadanos en Caliescribe.com. como en la columna ¿Ciudad? de El País.

Cuestiones como que “parece que las ciudades son las que mejor nos van” (p. 37) y por supuesto no hay mas remedio que así sea, y en las que “la arquitectura es un [autorretrato] colectivo” (p. 50) pues “ningún edificio puede evitar un primer plano” (p. 81), y que tal “parece que nunca nos cansamos de las construcciones ni de las ciudades esculpidas con minuciosidad” (p. 21), aunque en Cali sí que se podría afirmar justo lo contrario, al que la salva su muy esculpido paisaje.

Advierten también que “si el carácter de un lugar es mas impreciso, la responsabilidad a la hora de interpretarlo es mayor” (p. 59) ya que “no existe otra forma de arte que se halle tan arraigada de manera natural a un lugar como la arquitectura” (p. 77) y su tarea fundamental es “crear espacios, incluso en la ciudad” (p. 85). Pero advierten que “la interpretación que afirma que los nuevos edificios deben adaptarse a su entorno es una idea relativamente nueva…” (p. 96).

Por otro lado consideran que “la época contemporánea no siempre exige edificaciones contemporáneas” (p. 6) por lo que “cuanto mas tiempo [duren] los edificios, mejor” ya que “el diseño urbano permanece” (p. 12 y 13) pero que “casi todos los edificios nuevos se construyen donde ya existen otros” (p. 17). De ahí que “…el conflicto entre la conservación y la renovación […] continuará […] pero siempre resulta razonable solicitar que lo nuevo aporte mas que lo que se lleva” (p. 43). Por eso “los edificios residenciales […] deben ser buenos [pero] los públicos […] deben ser distintivos” […] justo lo suficiente para que se los escuche por encima del coro” (p. 54).

Igualmente señalan que “el ambiente lleno de vida de una calle urbana […] depende del numero de personas que se hallan en el exterior, no en el interior de los edificios” (p. 37). “Los caminos son más rápidos; las calles más lentas [y] mientras una calle tiene muchos destinos, un camino sencillamente vincula dos de ellos” y terminan señalando que “nada ha tenido un impacto mayor en la ciudad contemporánea que el automóvil” (pp. 96 y 97).

Que si bien las normas “evitan que ocurra lo peor [pero] también pueden evitar que suceda lo mejor” (p. 36) “la suma de toda la normativa benevolente puede a menudo conducir a la antítesis de una buena ciudad [y] todos [los] los estándares bienintencionados con respecto a reducción acústica, seguridad, calidad del aire, luz diurna y aparcamiento llevan a algo que es una ciudad decente” (p. 51), y como “una ciudad rara vez está en silencio” (p. 70).

Y como “es posible que la densidad sea una característica distintiva de una ciudad [pero] la proximidad […] es mas importante que la densidad [mas] hay que evitar “ la estrecha dimensión del centro […] y el aislamiento de los suburbios; [sin embrago] el estilo de sus edificios no ejerce un impacto en [su] funcionamiento [pero si] en la conexión de las calles, los accesos peatonales, los espacios comerciales a nivel de calle, así como otras características expresivas” (p. 51).

Artículo publicado en la revista virtual caliescribe.com. 31.12.2016

22.06.2013 Breve historia de las ciudades

Aparecen en puertos, vados, cruces de caminos, o cerca a una feria, fortificación o lugar sagrado. Concentran el poder de una sociedad, son escenario y símbolo de su cultura y, con la lengua, la mayor creación del hombre (Mumford: La cultura de las ciudades, 1938). Son un arte colectivo (Schneider: De Babilonia a Brasilia, 1960), con su propia especificidad, teoría y práctica (Rykwert: La idea de ciudad, 1963; Sitte: Construcción de ciudades según principios artísticos, 1889; y Moholy –Nagy: Urbanismo y sociedad, 1968).

Surgieron por el comercio, la industria, la guerra, la religión y el intercambio de conocimientos (Pirenne: Las ciudades de la Edad Media, 1939). Satisfacen las necesidades vitales de un numero de ciudadanos pero su finalidad es que vivan bien, observó Aristóteles. Permiten el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia, el deporte y el espectáculo, transformando al campesino en ciudadano.

Sus necesidades y deseos convierten un sitio natural en un lugar construido (de La Blache: Principios de Geografía Humana, 1922), aislando un espacio en la naturaleza para vivir civilizadamente (Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, 1930). La democracia surge en las Polis griegas. Los ciudadanos romanos, Cívis, les dan su nombre, Cívïtäs. Los siervos se liberan enHI las populosas Urbs. El Renacimiento, la Revolución industrial, la Americana y la Francesa, y la Independencia de Iberoamérica surgen en ellas, y las ciencias y técnicas actuales.

Todo comenzó cuando se juntaron viviendas que dejaron espacios para circular o se ingresaba por sus cubiertas, pues las calles aparecieron después; y solo se trazan, de manera similar a un castrum romano o una bastida medioeval, cuando las ciudades se fundan. Como las nuestras, de tradición ibérica y recientemente norteamericana.

Las antiguas tenían casas, palacios y templos, calles, plazas, ágoras, foros y avenidas. Las medievales agregaron conventos, hospitales y explanadas. Las renacentistas panópticos, parques y alamedas. Las modernas edificios de apartamentos y rascacielos de oficinas, museos y bibliotecas, “malls”, zonas verdes, metros y autopistas. Las muy escasas posmodernas, como Masdar, en Abu Dabi, de Norman Foster, retoman a la eficaz ciudad tradicional (Fernández-Galiano, El País, Madrid 02/03/ 2010).

Pero las muchísimas de siempre, muy pobladas, extensas e invadidas por los carros, no han parado de crecer, y de nuevo se privilegian sus centros históricos. En ellas viven mas de la mitad de los 7.000 millones de habitantes de La Tierra. En Colombia casi tres cuartas partes de sus casi 50 millones, cuando hace un siglo era lo contrarío, y en el valle del Río Cauca ya casi todos viven en ciudades y en Cali casi tres de los cuatro millones del Departamento.

Ya no es posible la autosuficiencia de cada familia en el campo, por lo que no es viable la vida humana sin las ciudades; allí pasa casi todo y depende todo lo demás: es imperativo que sean sostenibles, principiando por su reutilización. En sus calles la imagen de los edificios orienta a la gente y la identifican con su ciudad. Son su mas importante patrimonio y albergan casi todos los demás bienes de interés cultural, y por eso los nuevos deben respetar su contexto.

Pero para prosperar las ciudades tienen que atraer a personas inteligentes y permitir que colaboren unas con otras (Glaeser: El triunfo de las ciudades, 2011). Es lo que han permitido desde siempre: que los ciudadanos se relacionen físicamente con otros (y no apenas por Internet), en calles, plazas y parques, para lo que tienen que ser compactas y no desperdigadas como Cali.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 22.06.2013

15.04.2012 El ABC del proyecto arquitectónico

Las ciudades mas bellas, de Estambul a Cartagena, pasando por Porto o Granada, París, Venecia o Rio, tienen muchos edificios de constructores que siguen un canon, y apenas algunos grandes arquitectos para sus pocos monumentos (Brasilia es una excepción diseñada toda por Oscar Niemeyer y sus colaboradores) y ni siquiera es el caso de Mompox, Santa Fe de Antioquia, Girón, Barichara, Villa de Leyva o Popayán. De ahí la pertinencia de contar con unas determinantes técnicas para el diseño arquitectónico de los complejos edificios actuales.

Las ciudades son mas importantes que los edificios que las conforman, la gran mayoría de los cuales no tienen por qué ser monumentos. Solo algunos que igualmente se basan en arquetipos, que son la base de todo y permiten establecer un canon: unas reglas, cuya lenta evolución evita la repetición, frivolidad y arbitrariedad. La primera teoría conocida sobre la arquitectura la recopilo el arquitecto romano Vitruvio, y su conocida triada en realidad son cuatro aspectos siempre presentes:

El emplazamiento (Collocatĭo), comenzando por la localización, que indica su clima (altura, latitud, vientos), paisaje (natural y urbano). Su geología (topografía, resistencia, suelo, vegetación, fauna y corrientes de agua). Su infraestructura (vial y de agua, alcantarillado, electricidad, gas, y telecomunicaciones). Su vecindario (usos, formas, estado y tendencias). Sus normas (usos, densidades, índices, alturas, aislamientos y empalmes).

La función (Utilitas ), que determina un programa (los diferentes espacios, servidos y servidores, y su número y tamaño), y su zonificación e interrelaciones. Sus requerimientos en cuanto necesidades particulares de clientes y usuarios. Las costumbres tradicionales, en uso o nuevas. Las exigencias (medidas mínimas, materiales, seguridad, ventilación, iluminación, privacidad y demás).

El sistema constructivo (Firmitas), seleccionado a partir del presupuesto disponible (monto y fluidez). Los materiales en sí, y ya convertidos en componentes y estos en elementos que conforman espacios. La mano de obra (costo, experticia, eficiencia y disponibilidad). Las normas de sismo resistencia y contra incendios y evacuación. El tiempo disponible, ya sea el usual para cada tipo de edificio, o mayor o menor.

La forma (Venustas), a la que se llega o se parte de ella o ambas cosas. Las tradiciones (la edilicia vernácula, popular, culta y profesional). El contexto (las construcciones inmediatas). La estética característica de ese entorno, pero tambien del sector, la ciudad e incluso la región. Las expectativas, gustos y pretensiones de los clientes, a los que hay que educar. Y las búsquedas propias de los arquitectos, que no sobra evidenciar.

Determinantes que racionalizan sus proyectos, partiendo de cómo disponer los volúmenes y espacios exteriores; donde ubicar los diferentes espacios, y sus relaciones; cual sistema constructivo usar: estructura, suelos, divisiones, cerramientos y cubiertas; y que formas, tradicionales o vanguardistas, reinterpretar según cada caso. Para beneficio de una ciudad sostenible y no solo del edificio, reemplazando el falso arte del “estilismo” de la arquitectura “espectáculo” actual, por la técnica profesional y ética de la proyectación.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. fecha 15.04.2012

03.12.2011 Vivienda, salud y educación

La (mal) llamada vivienda de interés social debería construirse al tiempo con su respectivo espacio urbano público, transporte y equipamiento, los que necesariamente son un problema público. La gente puede resolver individualmente su vivienda y mejorarla pero le es imposible hacer sola la ciudad que la incluye. Esta es además una obra de arte colectiva pues se trata de que además de segura, sana y funcional sea digna, estimulante y bella. Los particulares lo que precisan es ayuda financiera para su vivienda pero en cambio no pueden hacer calles, plazas, parques ni escuelas, mercados, puestos de salud o centros deportivos (Universidad de los Andes, CPU: La  como factor del desarrollo urbano, 1969). Y por supuesto hay que localizarla en donde mas convenga a sus usuarios y a la ciudad como un todo. Por ejemplo, las clases mas bajas mas cerca al centro. Las ciudades deberían comprar o expropiar la tierra mas apta para urbanizar, dotarla de servicios, hacerle espacio urbano público, darle equipamiento urbano y, en el caso de la vivienda mas económica, construirla.

Y por supuesto en el tema de la salud la prioritaria es la salud pública. Esta es ante todo un problema de educación y campañas preventivas, calidad medioambiental, seguridad en el espacio público y equipamientos urbanos. Pero no solo se trata de puestos de salud y hospitales si no tambien de tenar buenos andenes, alamedas, parques e instalaciones deportivas. Pero desde luego, como la vivienda y la educación, es también un problema ideológico: en Colombia llevamos a su muerte a esas mujeres a las que se les prohíbe abortar para que puedan recibir quimioterapia, y por lo tanto también a sus fetos, y obligamos a las adolescentes a tener hijos no deseados, que no pueden educar ni alimentar bien, pese a que buena parte terminan por eso mismo de delincuentes. Y preferimos seguir acabando con el país con una guerra inútil impuesta por Estados Unidos, los mayores consumidores del mundo, a despenalizar el tráfico de drogas y tratar la drogadicción como un problema de salud pública, como lo vienen haciendo poco a poco y hace años muchos países.

Pero sin educación ciudadana desde la escuela es inútil mejorar la seguridad, vivienda o salud. Y no se puede mejorar la educación sin una sólida y continuada formación de mejores profesores y un mejor ambiente familiar, sociocultural y escolar, potenciado por un mejor equipamiento escolar y un mejor y mas estimulante espacio público. Pero lo prioritario es enseñarles a los ciudadanos a usar debidamente su ciudad y a convivir civilizadamente en ella, incluyendo su comportamiento sexual, lo que incide por supuesto en su bienestar. Que desde la escuela se enseñe lo que antes llamábamos urbanidad, y mas cívica para que aprendamos a escoger mejores presidentes, senadores, representantes, alcaldes y concejales, en lugar del contrasentido del voto obligatorio que nos quieren imponer. Pero también urbanismo. La apropiación del espacio público, el desorden del tráfico, el caos visual, la contaminación, el ruido, las basuras, los escombros, la falta de higiene, y el desperdicio irresponsable de energía y agua potable, se deben a una total falta de educación urbana. 

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. fecha 03.12.2011

13.10.2011 Seguridad y diseño

En la Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alta Consejería Presidencial para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana, a cargo de Francisco José Lloreda Mera, se menciona, en primer lugar, entre los desafíos estructurales, el proceso de urbanización del país. En 20 ciudades, grandes e intermedias, de Bogotá a Neiva, que tienen menos de la mitad de la población del país, aun se reportan, aunque mermaron en la última década, mas de la mitad de los delitos. Pero solo se habla de las diferencias regionales e incluso barriales, y del estado e iluminación de las calles, pero desafortunadamente no se informa nada de las características físicas de los sitios mas inseguros, y mucho menos se considera su diseño urbano-arquitectónico pese a que acertadamente se proponen proyectos piloto al respecto.

            Habría que profundizar en el tipo de diseño usual en la llamada vivienda de interés social, que se construye lejos de los centros tradicionales de las ciudades como de los sitios de trabajo, para buscar terrenos mas baratos o favorecer a ciertos propietarios, y no en los sectores mas adecuados. La que para rematar se hace sin servicios simultáneos de transporte, comercio, educación, salud y recreación. Su diseño urbano y arquitectónico es a todas luces inconveniente para la seguridad por sus bajas densidades, calles oscuras y demasiado estrechas y largas, y antejardines que rápidamente se ocupan creando “muelas”, todo lo cual dificulta su control por la policía como por los mismos vecinos. Y en las invasiones, parte de ellas inducidas por los terratenientes que rodean las ciudades para después vender sus propiedades al Estado, la situación es peor aun.

            El diseño de estos asentamientos promovidos por el Estado habría que contrastarlo, en términos de seguridad, con los muy buenos desarrollos que realizaron el Banco Central Hipotecario y el Instituto de Crédito Territorial en las principales capitales del país, mas densos y cuyos espacios urbanos son mas animados y fáciles de controlar. Incomprensiblemente estos organismos desaparecieron hace varias décadas, cuando se resolvió usar la construcción de viviendas baratas como un factor de creación de empleo y desarrollo económico, y se dejó en manos privadas. El resultado es que la mala economía acabo con la buena arquitectura, y de contera impidió usar la construcción de viviendas para mejorar las ciudades, y por lo contrario las tugurizaron y volvieron mas inseguras.

            Tenemos que retomar el urbanismo colonial de manzanas cerradas, calles cortas y con paramentos corridos, tiendas de esquina y pequeños parques, adaptándolo para una adecuada circulación y estacionamiento de carros. Y hacer conjuntos completos, conformando verdaderos barrios, con  densidades y animación suficientes para que contribuyan a la seguridad al garantizar un mínimo de vigilancia vecinal en sus calles. Y hacerlos juntos para integrar a su vez sectores urbanos con su correspondiente equipamiento. Es decir, diseñar ciudades funcionales, confortables, estimulantes y seguras, y no apenas viviendas económicas, las que hay que hacer en sitios lo mas centrales posibles, lo que a la larga será mas económico, entre otras cosas porque ayudarán a que las ciudades sean mas seguras.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 13.10.2011



03.03.2011 Edificios o ciudad

Hasta hace un siglo nuestras ciudades se conformaban sobre una traza mas o menos ortogonal, definida con antelación, repitiendo unas pocas tipologías edilicias que evolucionaban lentamente. Los monumentos eran solo iglesias y conventos, y mas que arquitectos hubo constructores. Ahora abundan pero poco saben construir y diseñan toda clase edificios como si fueran monumentos. Sus voladizos, alturas y retranqueos caprichosos no consideran su entorno, olvidando que la belleza de las calles estriba en la homogeneidad de sus paramentos, e incluso modifican hasta los andenes. Antes construían al tiempo edificio y ciudad pero ahora apenas les preocupa que el edificio sea espectacular. Como dice Rem Koolhaas, “el resultado es un espacio chatarra aunque cada una de sus partes sea un brillante invento” (Junk Space, 2001).

            Admiramos los centros históricos, como los de Cartagena o Popayán, o lo que queda de ellos, como la Candelaria en Bogotá o San Antonio en Cali, pese a que como dice Koolhaas son lo más renovado, modificado y falso que tienen las ciudades (La Ciudad Genérica, 2002), pues no obstante son una suma de edificios que conforman calles y plazas con un mínimo de homogeneidad (igual que en el moderno Centro Internacional de Bogotá, caso único en el país), y de allí su belleza ya que el arte es ilusión y, como escribió Aldo Rossi, “no existe ninguna posibilidad de invención tipológica si admitimos que ésta se conforma mediante un largo proceso en el tiempo, y que está en un complejo vinculo con la ciudad y la sociedad” (La arquitectura de la ciudad, 1971).

            De ahí que el remedio de lo que llamamos espacio público (pese a que lo privatizamos subiendo los carros a los andenes, construyendo en los antejardines o cerrando los pórticos), resultó peor. Como sólo podemos intervenir su suelo, pues los edificios que lo conforman son privados, no perdemos tiempo en considerar su espacio y saturamos su superficie de “diseño” con escalones, bancas, materas, mogadores, alcorques, despiece de suelos, espejos de agua, taludes y demás, aumentando su desorden visual y olvidando su sencillez de siempre que facilita su uso y mantenimiento. Es urgente regresar a que la ciudad sea mas importante que sus edificios comunes y limitar el número de los que deben ser monumentales, y enseñar a componer edificios que se sumen a lo pre existente a través del espacio urbano que conforman.


            Fue la preocupación constante de Rogelio Salmona pues "destruir la ciudad es destruir la civilización" (Revista Politeia Nº 17, 1995), y de ahí que para él “hacer arquitectura en Colombia implica buscar –ojalá encontrar- la confluencia entre geografía e historia” (Entre la mariposa y el elefante, 2003). Desde los apartamentos de El Polo, de 1962,  hasta el Centro Cultural García Márquez en Bogotá, de 2008, pasando por el Archivo General de la Nación (1989) y la Nueva Santa Fe (1983), o la FES (1987), hoy Centro Cultural de Cali, es evidente la búsqueda de que los espacios urbanos que conforman sean públicos. Lo que logra magistralmente en las Torres del Parque (1970), la sede de la SCA (1974 ) y el Museo de Arte Moderno de Bogotá (1979), en cada uno y entre todos ellos a través del Parque de la Independencia, que había rediseñado en 1969.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 03.03.2011

22.03.2007 Homo Urbanus


El libro de Antonio Vélez (Homo Sapiens, 2006), que nos recomendó hace unas semanas Julio Cesar Londoño en su columna de El País, no solo es muy interesante y ameno sino que nos ayuda a entender muchas situaciones y conductas. Como la de muchos caleños en su nueva ciudad. Para comenzar, los comportamientos del hombre son tanto heredados, debidos a la selección natural hace miles de años, y por lo tanto más cercanos a los de un campesino, como puramente culturales y por lo tanto propios de un urbanita (como se llama ahora a los ciudadanos) cuyos nuevas maneras se deben en grado sumo a su experiencia urbana personal y la de sus padres y abuelos, los que le traspasan una cultura urbana. De ahí que para que no nos comportemos como animales encerrados en la que es llamada selva de concreto por los que no entienden las ciudades, precisamente, no hay otra solución que la educación generalizada sobre que son y cómo se usan: urbanismo y urbanidad.

          La Ciudad en la Historia (1961), o La Cultura de las Ciudades (1938), de Lewis Mumford, debería ser parte de la bibliografía básica de los universitarios. También sería conveniente que muchos ciudadanos conocieran la teoría de las ciudades y su apasionante historia. Sobre todo los que pretenden desempeñar cargos municipales o ser líderes cívicos. Con Sibyl Moholy-Nagy (Urbanismo y Sociedad, 1968) nos podemos enterar de que solo hay unos cuantos tipos de trazado de ciudades y sus diferentes combinaciones, y en donde existen y cuándo y por qué se adoptaron. Y con Wolf Schneider (De Babilonia a Brasilia, 1961), nos podemos informar de su lenta evolución en el tiempo y su curioso desplazamiento en el espacio. Y, claro está, es vital enterarse de su situación actual, la que podría resumirse con un par de datos: por primera vez en la larga historia de la humanidad, más de la mitad de los más seis mil millones de habitantes de la Tierra vivimos en ciudades, y en Colombia alrededor de tres cuartas partes, y todo esto pasó en el último medio siglo provocando graves problemas medioambientales.

           Por su parte la urbanidad ya no es solo que “los caballeros le ceden el andén a las damas”, pues la vida urbana debe ser amable y placentera, sino primero que todo saber usarlos considerando el desplazamiento de los demás, cruzar caminando por las esquinas, y no corriendo por la mitad de las cuadras, y que los señores, señoras o señoritas no suban sus carros en ellos. Es entender que el peatón es el ciudadano más importante de una ciudad y que debemos respetar a los otros, ahora que estamos tan incómodamente juntos. Por eso tenemos que aprender altruistamente a no ensuciar, dañar, alterar o perturbar el espacio urbano, sobre todo el público, que es de todos. Se ha atribuido a varios personajes esa verdad de que el infierno son los demás, y en las ciudades justamente estamos siempre en medio de ellos, pero es su comportamiento egoísta el que las vuelve selvas y no el concreto. De ahí la urgencia de retomar la urbanidad para lo cual hoy, como antes, es imprescindible conocer el urbanismo de las ciudades. Y desde luego entender el comportamiento heredado y adquirido de sus ciudadanos.

Columna publicada en el diario El País de Cali.22.03.2007 

14.09.2006 La democratización de la arquitectura

Contrario a lo que decía Churchill de la democracia (el menos malo de los sistemas políticos), lamentablemente la democratización del diseño profesional a lo largo del siglo XX ha producido en el mundo lo menos bueno de su arquitectura. Y a veces lo mas malo, sobre todo cuando finalmente las tradiciones vernáculas desaparecieron casi del todo y cada vez fue menor la sabiduría de los dirigentes. Especialmente en este país, con su cultura centrada solo en la literatura y ahora en el espectáculo. Y donde la ignorancia, gusto y dinero abundante e ilegal de las nuevas clases emergentes, debido a la penalización inútil, corruptora y generadora de violencia de las drogas, han penetrado nuestras tradiciones y comportamientos afectando no solo su política, economía y sociedad si no tambien su arquitectura y sus ciudades

Y no solamente la práctica de la arquitectura si no incluso su enseñanza. Tambien ha significado la triabilización de su difusión masiva, siguiendo las tendencias frívolas de la publicidad y la moda, en revistas de decoración comerciales que aquí terminaron por reemplazar las de arquitectura. Fotografías maquilladas que hacen aparecer los cielos mas azules de lo que rara vez son, eliminación total de los contextos urbanos de los edificios, muebles y objetos de almacén prestados para sesiones de fotografía en las que se elimina todo vestigio de la vida real, ausencia general de planos o apenas alguna planta elemental, y textos insulsos de mera promoción. Y en medio de tanta ligereza y revueltas con tanta imagen tramposa, las excepciones, que no son pocas, difícilmente cuentan.

Es urgente recomponer la relación de los usuarios comunes, ya no con los constructores, como antes, sino con los nuevos profesionales de la arquitectura, cada vez mas numerosos en el país. Papel que hace medio siglo, desde los Upacs, han usurpado los negociantes de la vivienda siguiendo el mal ejemplo de esas multinacionales que nos dicen que es lo que necesitamos y que nos debe gustar, al punto de ser consideradas por Konrad Lorenz (Decadencia de lo humano, 1985) una de las verdaderas amenazas a la humanidad, junto con la superpoblación y el uso de combustibles de origen fósil. Y habría que añadir el daño que los edificios innecesariamente grandes o repetidos idénticos y mal emplazados le hacen a las ciudades, y su irresponsable derroche de energía y agua potable.

Igual que con la ecología, habría que enseñar desde el colegio unas mínimas nociones de arquitectura, urbanismo y urbanidad, y generalizar su debate abierto y permanente como sucede exitosamente en otras partes. Democratizar su conocimiento. Esto les permitiría a nuestros muy recientes ciudadanos disfrutar mas la vida urbana, usar mas eficientemente sus ciudades y defenderlas, pues hoy hacen justamente lo contrario. Debate en el que los artículos en la prensa sobre arquitectura y las ciudades, los programas de televisión (algunos muy buenos se pueden ver ya en Colombia) y las exposiciones sobre el tema, juegan un importante papel. Como las dos muestras abiertas por estos días en La Tertulia, que sin proponérselo ilustran palmariamente mucho de lo dicho arriba.

Columna publicada en el diario El País de Cali 14.09.2006 

28.10.2004 Rascainfiernos

Los hombres insisten en levantar torres de Babel. Monumentos a su soberbia y estupidez. Negocios para desplumar incautos. Rascacielos innecesariamente altos que de tanto en tanto se convierten en verdaderos infiernos como paso hace años en Bogotá y en días pasados en Caracas. Solo tres años después de la terrible destrucción transmitida a medio mundo en vivo y en directo de las Torres Gemelas en Nueva York, prácticamente todos los proyectos de rascacielos se reanudaron por todas partes (Time 2/8/2204). El mas alto será el Edificio Jin Mao, en Shanghai, de Skidmore, Owings &Merril, SOM, de 421 metros y pronto a terminarse, lo mismo que la Torre T&C en Kaoshiung, de 347 metros, la Torre II de Baiyoke en Bangkok, de 320, y el Jubilee Street/Queens Road Central en Hong Kong, de 292 metros. Como se ve, los chinos, como todos los nuevo ricos, quieren ser mas altos.

Incluso el MoMA de Nueva York le dedico una exposición a este invento norteamericano por excelencia, Tall Buildings, abierta hasta septiembre, en la que se mostraban, con la curaduría de un conocido ingeniero estructural y de Terence Riley, el curador jefe de diseño y arquitectura del museo, 25 modelos, algunos de mas de cuatro metros de alto. Entre ellos estaban los proyectos de David Childs, de SOM, para la Torre de la Libertad, que se lo quitaron a Daniel Libeskind, y que “remplazará” a las Torres Gemelas; el de Renzo Piano para la nueva sede del New York Times; el de Sir Norman Foster para firma Swis Re en Londres; y los de Santiago Calatrava para Malmö, en Suecia, y para el bajo Manhattan. Tambien estaba Arcos Bosques Corporativo, el nuevo y espantoso rascacielos de Ciudad de México, de Teodoro Gonzáles de León, Francisco Serrano y Carlos Tejada.

Pero mientras todos estos rascacielos son de arquitectos de renombre internacional y recurren a tecnologías avanzadas para ser cada vez mas resistentes, seguros y ecoeficientes, en países como el nuestro nos contentamos con torrecitas de 17 pisos que penas alcanzan el purgatorio pero en cambio invaden los cielos que son nuestros patios. Solo buscan exprimir lotes en donde había antes una sola casa con jardines y patios, sin considerar para nada que la infraestructura de servicios públicos y la de las calles que les dan acceso siga siendo la misma. Que paguen el pato los tontos que sucumben a su supuesto prestigio y los vecinos que se quedan sin andenes ni vías suficientes, sin brisas que refresquen, ni vistas, teniendo que mirar en cambio sus culatas por que aquí ni siquiera se les exige que sean exentos.

Pero lo peor de todo son esos ridículos enanos de cuatro, seis u ocho pisos llenos de mármoles, vidrio espejo y balaustres ordinarios pintados de blanco que brotan en todos nuestros pueblos destruyendo irremediablemente su unidad y belleza, y que deberían ser otra razón mas para que exijamos la legalización de las drogas y evitarnos sus daños colaterales que son muchísimo peores que la drogadicción que por supuesto debería tratarse como un problema de salud publica. Enanos ridículos pues vale entre nosotros la afirmación que Don José Ortega y Gasset hiciera para la Europa de hace 60 años, a las puertas del fascismo: "Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone donde quiera”.

Columna publicada en el diario El País de Cali 28.10.2004