Además de la dificultad de dibujar espacios y no apenas volúmenes, cómo representar en planos un ambiente arquitectónico. ¿Cómo dibujar la resonancia de un recinto, o su luz o penumbra o la brisa que pasa? ¿Qué de los muebles y objetos diversos que lo llenan? ¿Qué de las personas que lo ocupan? ¿Y los sonidos? ¿Y los olores? Todo toca imaginarlo para poderlo ‘tocar’ y después ¡escribirlo! para luego leerlo y releerlo.
Y ni se diga la imposibilidad de representar los recorridos y estancias a lo largo del tiempo de los diferentes usuarios (niños, jóvenes, adultos y viejos, mujeres y hombres), y en muy distintas circunstancias (sanos, enfermos o impedidos), en un entorno que cambia de imagen (de noche o de día) y de actividad (ya sean ocupados o desocupados) todo el tiempo; hay que decirlo y proceder a escribirlo para no olvidarlo.
Y es muy difícil dibujar transparencias y reflejos, y casi imposible hacerlo con el agua que murmura y da frescura y placidez. Todos ellos sensaciones, evocaciones, encantos, embrujos y asombros propios de todo ambiente arquitectónico, y la única manera de describirlos es en una memoria escrita al mismo tiempo que se adelanta con dibujos el proyecto, cuyo nombre precisamente indica que es para no olvidarlos.
Para componer el proyecto de un edificio o de un espacio urbano, es imprescindible hacer y rehacer los diferentes tipos de dibujo que lo representan, y hacer los cambios que cada uno de ellos genera en los otros, y poner suficientes notas escritas en ellos, concisas y claras, para lo que no se puede dibujar, las que a su vez alimentan la memoria mencionada que debe acompañar siempre los dibujos para mantenerlos a raya.
Cómo, si no es dejándolo por escrito, se puede entender que lo que es cierto en el trópico es que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes, pero no bajo la luz del Sol, como dijo bellamente Le Corbusier, si no bajo la acogedora sombra, como concluye con mucha razón el arquitecto panameño Ariel Espino, e incluso sería más apropiado en este caso decir ambientes y no volúmenes.
Y hablando de temperatura, Immanuel Kant definía metafóricamente a la arquitectura como “música congelada”. ¿Cómo dibujarla? Pues como dice un poema áulico en la sala de las Dos Hermanas en la Alhambra, y se podría repetir para muchas obras maestras de la arquitectura en el mundo, su “bella estructura ha pasado ya a proverbio, y (su justa) alabanza está en los labios de todos” cuya caligrafía si es dibujada.
Y para poner a hablar a las ciudades, que tienen tanto qué decir, hay que escribir sobre ellas y hacerlo desde otra ciudad, la propia, más hacerlo considerando la advertencia implícita en los versos de Don Francisco de Quevedo (1580-1645) el gran poeta del Siglo de Oro español: Buscas en Roma a Roma, oh peregrino, y en Roma misma a Roma no la hallas: cadáver son las que ostentó murallas y tumba de sí propio el Aventino.
Para escribir, decía Óscar Wilde, solamente hay dos reglas: tener algo que decir y decirlo. Y en arquitectura sí que vale la pena escribir lo que se quiere construir antes de proyectarlo para no caer bajo el dominio del dibujo, el cual es apenas un medio y nunca debería ser un fin, como suele pasar sobre todo entre los estudiantes y los malos profesores que no diseñan… ni escriben ni leen, y que ni siquiera dibujan.
Columna publicada en el diario El País de Cali 06.08.2015.
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06.08.2015 Arquitectura escrita
Además de la dificultad de dibujar espacios y no apenas volúmenes, cómo representar en planos un ambiente arquitectónico. ¿Cómo dibujar la resonancia de un recinto, o su luz o penumbra o la brisa que pasa? ¿Qué de los muebles y objetos diversos que lo llenan? ¿Qué de las personas que lo ocupan? ¿Y los sonidos? ¿Y los olores? Todo toca imaginarlo para poderlo ‘tocar’ y después ¡escribirlo! para luego leerlo y releerlo.
Y ni se diga la imposibilidad de representar los recorridos y estancias a lo largo del tiempo de los diferentes usuarios (niños, jóvenes, adultos y viejos, mujeres y hombres), y en muy distintas circunstancias (sanos, enfermos o impedidos), en un entorno que cambia de imagen (de noche o de día) y de actividad (ya sean ocupados o desocupados) todo el tiempo; hay que decirlo y proceder a escribirlo para no olvidarlo.
Y es muy difícil dibujar transparencias y reflejos, y casi imposible hacerlo con el agua que murmura y da frescura y placidez. Todos ellos sensaciones, evocaciones, encantos, embrujos y asombros propios de todo ambiente arquitectónico, y la única manera de describirlos es en una memoria escrita al mismo tiempo que se adelanta con dibujos el proyecto, cuyo nombre precisamente indica que es para no olvidarlos.
Para componer el proyecto de un edificio o de un espacio urbano, es imprescindible hacer y rehacer los diferentes tipos de dibujo que lo representan, y hacer los cambios que cada uno de ellos genera en los otros, y poner suficientes notas escritas en ellos, concisas y claras, para lo que no se puede dibujar, las que a su vez alimentan la memoria mencionada que debe acompañar siempre los dibujos para mantenerlos a raya.
Cómo, si no es dejándolo por escrito, se puede entender que lo que es cierto en el trópico es que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes, pero no bajo la luz del Sol, como dijo bellamente Le Corbusier, si no bajo la acogedora sombra, como concluye con mucha razón el arquitecto panameño Ariel Espino, e incluso sería más apropiado en este caso decir ambientes y no volúmenes.
Y hablando de temperatura, Immanuel Kant definía metafóricamente a la arquitectura como “música congelada”. ¿Cómo dibujarla? Pues como dice un poema áulico en la sala de las Dos Hermanas en la Alhambra, y se podría repetir para muchas obras maestras de la arquitectura en el mundo, su “bella estructura ha pasado ya a proverbio, y (su justa) alabanza está en los labios de todos” cuya caligrafía si es dibujada.
Y para poner a hablar a las ciudades, que tienen tanto qué decir, hay que escribir sobre ellas y hacerlo desde otra ciudad, la propia, más hacerlo considerando la advertencia implícita en los versos de Don Francisco de Quevedo (1580-1645) el gran poeta del Siglo de Oro español: Buscas en Roma a Roma, oh peregrino, y en Roma misma a Roma no la hallas: cadáver son las que ostentó murallas y tumba de sí propio el Aventino.
Para escribir, decía Óscar Wilde, solamente hay dos reglas: tener algo que decir y decirlo. Y en arquitectura sí que vale la pena escribir lo que se quiere construir antes de proyectarlo para no caer bajo el dominio del dibujo, el cual es apenas un medio y nunca debería ser un fin, como suele pasar sobre todo entre los estudiantes y los malos profesores que no diseñan… ni escriben ni leen, y que ni siquiera dibujan.
Columna publicada en el diario El País de Cali 06.08.2015.
Y ni se diga la imposibilidad de representar los recorridos y estancias a lo largo del tiempo de los diferentes usuarios (niños, jóvenes, adultos y viejos, mujeres y hombres), y en muy distintas circunstancias (sanos, enfermos o impedidos), en un entorno que cambia de imagen (de noche o de día) y de actividad (ya sean ocupados o desocupados) todo el tiempo; hay que decirlo y proceder a escribirlo para no olvidarlo.
Y es muy difícil dibujar transparencias y reflejos, y casi imposible hacerlo con el agua que murmura y da frescura y placidez. Todos ellos sensaciones, evocaciones, encantos, embrujos y asombros propios de todo ambiente arquitectónico, y la única manera de describirlos es en una memoria escrita al mismo tiempo que se adelanta con dibujos el proyecto, cuyo nombre precisamente indica que es para no olvidarlos.
Para componer el proyecto de un edificio o de un espacio urbano, es imprescindible hacer y rehacer los diferentes tipos de dibujo que lo representan, y hacer los cambios que cada uno de ellos genera en los otros, y poner suficientes notas escritas en ellos, concisas y claras, para lo que no se puede dibujar, las que a su vez alimentan la memoria mencionada que debe acompañar siempre los dibujos para mantenerlos a raya.
Cómo, si no es dejándolo por escrito, se puede entender que lo que es cierto en el trópico es que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes, pero no bajo la luz del Sol, como dijo bellamente Le Corbusier, si no bajo la acogedora sombra, como concluye con mucha razón el arquitecto panameño Ariel Espino, e incluso sería más apropiado en este caso decir ambientes y no volúmenes.
Y hablando de temperatura, Immanuel Kant definía metafóricamente a la arquitectura como “música congelada”. ¿Cómo dibujarla? Pues como dice un poema áulico en la sala de las Dos Hermanas en la Alhambra, y se podría repetir para muchas obras maestras de la arquitectura en el mundo, su “bella estructura ha pasado ya a proverbio, y (su justa) alabanza está en los labios de todos” cuya caligrafía si es dibujada.
Y para poner a hablar a las ciudades, que tienen tanto qué decir, hay que escribir sobre ellas y hacerlo desde otra ciudad, la propia, más hacerlo considerando la advertencia implícita en los versos de Don Francisco de Quevedo (1580-1645) el gran poeta del Siglo de Oro español: Buscas en Roma a Roma, oh peregrino, y en Roma misma a Roma no la hallas: cadáver son las que ostentó murallas y tumba de sí propio el Aventino.
Para escribir, decía Óscar Wilde, solamente hay dos reglas: tener algo que decir y decirlo. Y en arquitectura sí que vale la pena escribir lo que se quiere construir antes de proyectarlo para no caer bajo el dominio del dibujo, el cual es apenas un medio y nunca debería ser un fin, como suele pasar sobre todo entre los estudiantes y los malos profesores que no diseñan… ni escriben ni leen, y que ni siquiera dibujan.
Columna publicada en el diario El País de Cali 06.08.2015.
22.06.2013 Breve historia de las ciudades
Aparecen en puertos, vados, cruces de caminos, o cerca a una feria, fortificación o lugar sagrado. Concentran el poder de una sociedad, son escenario y símbolo de su cultura y, con la lengua, la mayor creación del hombre (Mumford: La cultura de las ciudades, 1938). Son un arte colectivo (Schneider: De Babilonia a Brasilia, 1960), con su propia especificidad, teoría y práctica (Rykwert: La idea de ciudad, 1963; Sitte: Construcción de ciudades según principios artísticos, 1889; y Moholy –Nagy: Urbanismo y sociedad, 1968).
Surgieron por el comercio, la industria, la guerra, la religión y el intercambio de conocimientos (Pirenne: Las ciudades de la Edad Media, 1939). Satisfacen las necesidades vitales de un numero de ciudadanos pero su finalidad es que vivan bien, observó Aristóteles. Permiten el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia, el deporte y el espectáculo, transformando al campesino en ciudadano.
Sus necesidades y deseos convierten un sitio natural en un lugar construido (de La Blache: Principios de Geografía Humana, 1922), aislando un espacio en la naturaleza para vivir civilizadamente (Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, 1930). La democracia surge en las Polis griegas. Los ciudadanos romanos, Cívis, les dan su nombre, Cívïtäs. Los siervos se liberan enHI las populosas Urbs. El Renacimiento, la Revolución industrial, la Americana y la Francesa, y la Independencia de Iberoamérica surgen en ellas, y las ciencias y técnicas actuales.
Todo comenzó cuando se juntaron viviendas que dejaron espacios para circular o se ingresaba por sus cubiertas, pues las calles aparecieron después; y solo se trazan, de manera similar a un castrum romano o una bastida medioeval, cuando las ciudades se fundan. Como las nuestras, de tradición ibérica y recientemente norteamericana.
Las antiguas tenían casas, palacios y templos, calles, plazas, ágoras, foros y avenidas. Las medievales agregaron conventos, hospitales y explanadas. Las renacentistas panópticos, parques y alamedas. Las modernas edificios de apartamentos y rascacielos de oficinas, museos y bibliotecas, “malls”, zonas verdes, metros y autopistas. Las muy escasas posmodernas, como Masdar, en Abu Dabi, de Norman Foster, retoman a la eficaz ciudad tradicional (Fernández-Galiano, El País, Madrid 02/03/ 2010).
Pero las muchísimas de siempre, muy pobladas, extensas e invadidas por los carros, no han parado de crecer, y de nuevo se privilegian sus centros históricos. En ellas viven mas de la mitad de los 7.000 millones de habitantes de La Tierra. En Colombia casi tres cuartas partes de sus casi 50 millones, cuando hace un siglo era lo contrarío, y en el valle del Río Cauca ya casi todos viven en ciudades y en Cali casi tres de los cuatro millones del Departamento.
Ya no es posible la autosuficiencia de cada familia en el campo, por lo que no es viable la vida humana sin las ciudades; allí pasa casi todo y depende todo lo demás: es imperativo que sean sostenibles, principiando por su reutilización. En sus calles la imagen de los edificios orienta a la gente y la identifican con su ciudad. Son su mas importante patrimonio y albergan casi todos los demás bienes de interés cultural, y por eso los nuevos deben respetar su contexto.
Pero para prosperar las ciudades tienen que atraer a personas inteligentes y permitir que colaboren unas con otras (Glaeser: El triunfo de las ciudades, 2011). Es lo que han permitido desde siempre: que los ciudadanos se relacionen físicamente con otros (y no apenas por Internet), en calles, plazas y parques, para lo que tienen que ser compactas y no desperdigadas como Cali.
Surgieron por el comercio, la industria, la guerra, la religión y el intercambio de conocimientos (Pirenne: Las ciudades de la Edad Media, 1939). Satisfacen las necesidades vitales de un numero de ciudadanos pero su finalidad es que vivan bien, observó Aristóteles. Permiten el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia, el deporte y el espectáculo, transformando al campesino en ciudadano.
Sus necesidades y deseos convierten un sitio natural en un lugar construido (de La Blache: Principios de Geografía Humana, 1922), aislando un espacio en la naturaleza para vivir civilizadamente (Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, 1930). La democracia surge en las Polis griegas. Los ciudadanos romanos, Cívis, les dan su nombre, Cívïtäs. Los siervos se liberan enHI las populosas Urbs. El Renacimiento, la Revolución industrial, la Americana y la Francesa, y la Independencia de Iberoamérica surgen en ellas, y las ciencias y técnicas actuales.
Todo comenzó cuando se juntaron viviendas que dejaron espacios para circular o se ingresaba por sus cubiertas, pues las calles aparecieron después; y solo se trazan, de manera similar a un castrum romano o una bastida medioeval, cuando las ciudades se fundan. Como las nuestras, de tradición ibérica y recientemente norteamericana.
Las antiguas tenían casas, palacios y templos, calles, plazas, ágoras, foros y avenidas. Las medievales agregaron conventos, hospitales y explanadas. Las renacentistas panópticos, parques y alamedas. Las modernas edificios de apartamentos y rascacielos de oficinas, museos y bibliotecas, “malls”, zonas verdes, metros y autopistas. Las muy escasas posmodernas, como Masdar, en Abu Dabi, de Norman Foster, retoman a la eficaz ciudad tradicional (Fernández-Galiano, El País, Madrid 02/03/ 2010).
Pero las muchísimas de siempre, muy pobladas, extensas e invadidas por los carros, no han parado de crecer, y de nuevo se privilegian sus centros históricos. En ellas viven mas de la mitad de los 7.000 millones de habitantes de La Tierra. En Colombia casi tres cuartas partes de sus casi 50 millones, cuando hace un siglo era lo contrarío, y en el valle del Río Cauca ya casi todos viven en ciudades y en Cali casi tres de los cuatro millones del Departamento.
Ya no es posible la autosuficiencia de cada familia en el campo, por lo que no es viable la vida humana sin las ciudades; allí pasa casi todo y depende todo lo demás: es imperativo que sean sostenibles, principiando por su reutilización. En sus calles la imagen de los edificios orienta a la gente y la identifican con su ciudad. Son su mas importante patrimonio y albergan casi todos los demás bienes de interés cultural, y por eso los nuevos deben respetar su contexto.
Pero para prosperar las ciudades tienen que atraer a personas inteligentes y permitir que colaboren unas con otras (Glaeser: El triunfo de las ciudades, 2011). Es lo que han permitido desde siempre: que los ciudadanos se relacionen físicamente con otros (y no apenas por Internet), en calles, plazas y parques, para lo que tienen que ser compactas y no desperdigadas como Cali.
Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 22.06.2013
27.07.2011 La vivienda
Con
el Movimiento Moderno en arquitectura, a principios del siglo XX, la vivienda
fue objeto por primera vez del trabajo de los arquitectos, después de mas de
diez milenios de ser apenas una artesanía con frecuencia maravillosa. Antes los
arquitectos solo levantaban palacios y castillos para los poderosos o, mas
recientemente, para los burgueses ricos originados por la revolución industrial
del XVII. Hoy en día la mayoría de las construcciones en las ciudades, en las
que en países como Colombia vivimos cerca del 80% de sus habitantes, están
destinadas a la vivienda, y en la mayoría están involucrados de una u otra
manera los arquitectos.
Algunas viviendas están localizadas
a las afueras de las ciudades y muchas en sus suburbios, pero la mayoría están
en sus nuevos desarrollos, sus barrios tradicionales, y unas pocas en sus
centros históricos. Y en mayor o menor grado dependen de sus climas, paisajes y
tradiciones urbano arquitectónicas, aunque cada vez menos debido a la
globalización de comportamientos, sistemas constructivos y gustos. Son
viviendas permanentes, unifamiliares, como las casas, o multifamiliares, como
los apartamentos, pero también transitorias como los hoteles, las residencias
universitarias o las casas de fin de semana, amén de cuarteles, refugios y
viviendas de emergencia.
Sus programas suelen ser amplios y
complejos. Abarcan la vivienda familiar misma, pero también contienen sitios
para trabajar, estudiar o recrearse, y para guardar los carros y los checheres
que acumulamos. En ellas habitan hombres y mujeres, desde niños y adolescentes hasta adultos y
ancianos, los que ocasionalmente pueden estar enfermos o convalecientes, o eventualmente
ser discapacitados, y están los diferentes tipos de visitantes y huéspedes. Y
por supuesto es imprescindible su funcionalidad, confort, privacidad y
seguridad, pero también su belleza y significado.
La gran mayoría suelen ser
construidas mediante materiales, componentes y elementos que conforma los
sistemas tradicionales, y tienen distintos cerramientos, puertas y ventanearía,
como entresuelos y cubiertas, todos generalmente también tradicionales, pero
sólo en el último siglo incluyen diferentes redes de agua, alcantarillado,
energía, gas y telecomunicaciones. Sus terminados y formas son múltiples y
reflejan las pretensiones y estatus de sus propietarios, pues son, con los
carros y vestidos, su símbolo en la sociedad y de ellos depende su prestigio.
De ahí que en la vivienda lo funcional, lo constructivo y lo simbólico estén
tan íntimamente relacionados.
Pero hoy siguen mas las modas
promovidas por la industria inmobiliaria para garantizar su obsolescencia
programada, igual que pasa con los carros y los vestidos. La vivienda, que
antes era solamente una necesidad, se volvió también un negocio que
lamentablemente afecta su funcionalidad y economía, y su permanencia en las
ciudades. Esta “renovación urbana” no planificada pero sí permanente, es lo que
mas afecta la infraestructura de servicios,
la vialidad y el transporte público, lo mismo que la memoria colectiva
de los ciudadanos y su arraigo con su respectiva ciudad, con graves consecuencias en términos de seguridad
y calidad de vida, como son las que vivimos ahora en nuestras ciudades.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 27.07.2011
28.11.2010 CIVĪLIS.
Ya en el siglo IV aC. decía Aristóteles que las ciudades son sus ciudadanos. La curiosidad y necesidad de comunicación, placer y trascendencia, dice Paul Vidal de La Blanche (Principios de Geografía Humana, 1922), llevó al hombre a convertir un sitio natural en un lugar construido para satisfacer sus necesidades y deseos en una convivencia civilizada como lo precisa José Ortega y Gasset (La rebelión de las masas, 1936). Producto del comercio, la industria, la política, la guerra, la religión y el conocimiento nos recuerda Henry Pirenne (Las ciudades de la Edad Media, 1939), permiten el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia, el deporte y el espectáculo. Sus imágenes dependen de su clima, paisaje, actividades y eventos, pero sobre todo de su arquitectura. Como dice Lewis Mumford en su crucial obra (La cultura de las ciudades,1938), concentran el poderío de una sociedad y son escenario y símbolo de su cultura. Con la lengua son nuestra creación mas grande, y comienzan con aldeas que eran como un mundo y hoy el mundo es una suma de ciudades con barrios como aldeas. No hay nuevas pero si muchas y no han parado de crecer, y en África y Latinoamérica algunas ya son grandes megalópolis.
Reflejo de lo social y económico, son un arte colectivo y tienen su propia especificidad. La política surge en las Polis griegas, y los ciudadanos romanos, Cívis, les dieron su nombre, Cívïtäs, y en la Edad Media los siervos se liberan en las Urbs: El Renacimiento, la Revolución industrial y la Revolución Francesa surgen de ellas, sin las cuales son imposibles las democracias, ciencias y técnicas actuales, ni la vida misma de mas del 50% de los siete mil millones que habitamos en el planeta, y de casi el 80% en países como Colombia, en los que hace medio siglo era lo contrarío, y de ellas dependen todos los demás cada vez mas. Evolucionaron hasta hoy y su próximo ciclo ya comenzó con la defensa del contexto de sus centros históricos, y con la construcción de Abu Dabi, en la Península Arábiga, completando su desplazamiento al Occidente, ya notado por Wolf Schneider (De Babilonia a Brasilia, 1961). Sus soluciones, basadas tanto en tecnologías de punta como en la arquitectura y urbanismo tradicionales, servirán de ejemplo para que vuelvan a ser sostenibles.
Vienen de Mesopotamia y Egipto, y Roma las llevó a media Europa, en cruces de caminos y vados, al lado de fortificaciones o ferias, encerradas por murallas, y pasan al Nuevo Mundo encontrando otras en esencia iguales, e incluso mas grandes como Teotihuacan, pero que solo influyeron en el emplazamiento de las ciudades coloniales, pues de Machu Picchu o Ciudad Perdida solo se sabe después. Hoy Sâo Paulo y México, tienen cerca de veinte millones de habitantes, Buenos Aires trece, Bogotá y Santiago mas de cinco, Caracas, Cali y Medellín cerca de tres, Guayaquil, San José, la Habana y San Juan mas de dos, Panamá, Cartagena, Barranquilla, Manaos, Quito, La Paz, Montevideo y Asunción mas de uno. Su rapidísimo crecimiento y la privatización de su suelo desde la Independencia ha desbordando su planeación pero su arquitectura, que preciso Aldo Rossi (La arquitectura de la ciudad, 1968), puede mejorarlas, como pedía Sybil Moholy –Nagy (Urbanismo y Sociedad, 1968). Lo dijo Aristóteles en La política : ”surgieron para satisfacer las necesidades vitales del hombre, pero su finalidad es permitirle vivir bien...”, lo civilizan permitiéndole ser un ciudadano a cabalidad.
Reflejo de lo social y económico, son un arte colectivo y tienen su propia especificidad. La política surge en las Polis griegas, y los ciudadanos romanos, Cívis, les dieron su nombre, Cívïtäs, y en la Edad Media los siervos se liberan en las Urbs: El Renacimiento, la Revolución industrial y la Revolución Francesa surgen de ellas, sin las cuales son imposibles las democracias, ciencias y técnicas actuales, ni la vida misma de mas del 50% de los siete mil millones que habitamos en el planeta, y de casi el 80% en países como Colombia, en los que hace medio siglo era lo contrarío, y de ellas dependen todos los demás cada vez mas. Evolucionaron hasta hoy y su próximo ciclo ya comenzó con la defensa del contexto de sus centros históricos, y con la construcción de Abu Dabi, en la Península Arábiga, completando su desplazamiento al Occidente, ya notado por Wolf Schneider (De Babilonia a Brasilia, 1961). Sus soluciones, basadas tanto en tecnologías de punta como en la arquitectura y urbanismo tradicionales, servirán de ejemplo para que vuelvan a ser sostenibles.
Vienen de Mesopotamia y Egipto, y Roma las llevó a media Europa, en cruces de caminos y vados, al lado de fortificaciones o ferias, encerradas por murallas, y pasan al Nuevo Mundo encontrando otras en esencia iguales, e incluso mas grandes como Teotihuacan, pero que solo influyeron en el emplazamiento de las ciudades coloniales, pues de Machu Picchu o Ciudad Perdida solo se sabe después. Hoy Sâo Paulo y México, tienen cerca de veinte millones de habitantes, Buenos Aires trece, Bogotá y Santiago mas de cinco, Caracas, Cali y Medellín cerca de tres, Guayaquil, San José, la Habana y San Juan mas de dos, Panamá, Cartagena, Barranquilla, Manaos, Quito, La Paz, Montevideo y Asunción mas de uno. Su rapidísimo crecimiento y la privatización de su suelo desde la Independencia ha desbordando su planeación pero su arquitectura, que preciso Aldo Rossi (La arquitectura de la ciudad, 1968), puede mejorarlas, como pedía Sybil Moholy –Nagy (Urbanismo y Sociedad, 1968). Lo dijo Aristóteles en La política : ”surgieron para satisfacer las necesidades vitales del hombre, pero su finalidad es permitirle vivir bien...”, lo civilizan permitiéndole ser un ciudadano a cabalidad.
Artículo publicado en la revista Gaceta del diario El País de Cali. 28.11.2010
12.07.2007 Modernidad y ciudad
Hace 50 años este era un país rural; ahora, ya urbano, aun no es
moderno. No alcanzó a tener grandes ciudades cuando ya las estábamos
destruyendo con una concepción simplista de la modernidad. Mas que urbanizarlas
se las ruralizó -como advirtió Ramiro Cardona hacia 1965-, sin dar tiempo para
la formación de una cultura ciudadana amplia y sólida. Su rapidísimo
crecimiento desbordó su planificación y mejora, fenómeno recurrente en el
tercer mundo. Y la imposición casi siempre de apenas una imagen de modernidad
no solo deterioro los centros históricos de las ciudades sino tambien los
pueblos. Telecom, la Caja Agraria y el puesto de Policía, emblemáticos
desatinos de la nación, estropearon sistemáticamente su belleza sencilla, al
punto de que "la presencia del Estado" fue casi tan nefasta como su
ausencia.
En1930 ya había
arquitectura moderna en Cali pero tan ecléctica como la moderno-historicista
inmediatamente anterior pues sus formas lo son pero no su tecnología. Sin
asimilar el nuevo estilo, y ya influenciado por el Art-Déco, se comenzaron a
abandonar los tipos y patrones de tradición colonial. Entre 1940 y 1950 los
edificios altos sustituyeron las casas que quedaban en la Plaza de Caicedo, ya
convertida en parque, y el español californiano se sumo aquí al neocolonial,
característico de las ciudades latinoamericanas de esa época a partir de la
Exposición Iberoamericana de Sevilla de1929 que se propuso el reencuentro de la
Madre Patria con sus antiguas colonias. Pero tampoco con los Juegos
Panamericanos de 1971 se logro una ciudad "moderna" y en cambio se
daño irremediablemente la anterior, pequeña y bonita, la que finalmente se
acabo de destruir con la narco arquitectura pretenciosa e ignorante de las
últimas décadas.
El choque frontal de
la modernidad y la sobrepoblación con lo urbano se volvió una fatal
contradicción en muchas ciudades del país. Para peor de males persiste la idea
de que mientras los asuntos de la ciudad incumben solo a los políticos, la
estética de sus edificios es un problema exclusivo de los arquitectos, que así
se desentienden olímpicamente de lo que le hacen al espacio urbano. Es
prioritario entender la verdadera pos modernidad como la resolución de este
equivoco y que todos los ciudadanos se apersonen nuevamente de sus ciudades
tambien en tanto que artefactos, y por supuesto que los políticos las estudien
mas y seriamente.
Que los arquitectos
entiendan que la función de sus edificios es conformar espacialmente las
ciudades en lugar de seguir las modas ya pasadas de moda de las revistas. Que
mejoren todo lo bueno que quedó en ellas de sus diferentes épocas pasadas y
protejan el entorno natural que las ha acompañado desde su fundación, como es
muy especialmente el caso de Cali. Pero, como dice el arquitecto holandés Rem
Koolhaas, asumir una posición de humildad es difícil pues la arquitectura es una “profesión que persiste en sus
fantasías, sus ideologías, sus pretensiones, sus ilusiones de control, incapaz
de concebir nuevas intervenciones modestas, parciales y estratégicas que puedan
influir, en términos limitados, el diseño y construcción de la ciudad sin
pretender su control”.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 12.07.2007
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