Mostrando entradas con la etiqueta Estilo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estilo. Mostrar todas las entradas

03.06.2010 Otra estética

La arquitectura para que sea sostenible debe considerar su sitio geográfico: latitud y altura sobre el mar, y humedad, nubosidad, viento,  vegetación y  topografía. Y las circunstancias históricas del lugar para que sea contextual. Su correspondencia con el paisaje natural en el que se encuentra y con los espacios urbanos pre existentes. Los paramentos, alturas y composición de las fachadas de los edificios que conforman las calles y su relación con los monumentos que pueda haber. Datos tan precisos como los geográficos, que facilitan  lo sostenible mejorando los aciertos y minimizando los errores o falencias del patrimonio construido.

Así lo hicieron muchos destacados arquitectos como Fernando Távora, Álvaro Siza y Eduardo Soto de Moura en Oporto, Luis Barragán y Carlos Mijares en México, Carlos Raúl Villanueva en Caracas, Juvenal Baraco en Lima, Oscar Niemeyer en Rio de Janeiro, Villanova Artigas en Sao Paulo, Rogelio Salmona y Rueda, Gómez y Morales en Bogotá, o Sir Geoffrey Bawa en Sri Lanka. Todos consideraron la arquitectura vernácula de sus lugares de trabajo. Concretamente su relación con sus características geográficas e históricas. Las incorporaron de diferentes maneras  a su propia interpretación de lo moderno, alcanzando una autentica posmodernidad.

En nuestro caso deberíamos estudiar las casas de hacienda y urbanas coloniales. No para copiarlas sino para reinterpretarlas y emular sus gratos ambientes e indudable belleza. Su emplazamiento, función, construcción y belleza suelen formar un todo admirable a pesar de su austeridad, rayana en la pobreza, o quizás justamente por ella. Y conocer sus modelos ibéricos que se adaptaron a la geografía e historia locales, y sobre todo analizar los tipos y patrones que aquellos generaron. Es su arquitectura sin arquitectos y no sus imágenes lo que nos debe interesar. Pero no la vemos cegados por los vidrios y aluminio de nuestra dependencia cultural.

Solo partiendo de la experiencia de lo ya construido se puede llegar a conformar un nuevo canon con patrones pertinentes a nuestras características geográficas y circunstancias históricas. Los nuevos edificios deben sumarse a los del pasado, aun presentes en las ciudades, las que estaremos diseñando al mismo tiempo que ellos, al considerar que su belleza colectiva es mas importante que la individual de cada uno, pues no se suman simplemente a sus contextos sino que interactúan con ellos. Lo importante es el coro y no apenas los cantantes, los que nunca deben tratar de opacar a los solistas sino crear la base sobre la que estos sobresalen.


Así encontraremos nuevas formas al resolver problemas arquitectónicos actuales y distinguir entre los monumentos y  su entorno. Lo sostenible y contextual permitirán una nueva estética en nuestro trópico andino, efectiva e identificable pues los lugares, como sus habitantes, aunque se parezcan nunca se repiten. La originalidad de nuestros proyectos seria apropiada y pertinente y no trivial y de moda. Como se ha dicho, es volver al origen, y por supuesto no lo es imitar las imágenes de arquitecturas foráneas que nos quieren vender las revistas ídem, financiadas por los productores de materiales de construcción que aquí no usamos o no deberíamos usar.

Columna publicada en diario el País 03.06.2010 

09.04.2009 Nuestro barroco

Este muy conocido estilo de fines del siglo XVI es la última etapa del Renacimiento en Italia, pero su influencia es diferente en Austria, Alemania, Inglaterra, Portugal y España; y en América. Su nombre viene del francés, baroque, de Baroco, un silogismo (proposición que se deduce de otras dos) y del portugués, barroco, perla  irregular. Presenta espacios complejos, fachadas curvas en alzado y profundidad, grandes escaleras, amplias vistas y falsas perspectivas, y una ornamentación profusa de volutas, roleos y otros adornos curvos. Es la expresión de la Contrarreforma y la monarquía absoluta, las que lo unen con Iberoamérica, pero su influencia aquí es posterior y cada región lo vivió y vive de acuerdo a sus posibilidades económicas y tecnológicas, modos de vida y sensibilidades.

Como pasó en muchas catedrales e iglesias de las distintas comunidades por todo el Nuevo Mundo, que en los siglos XVII y XVIII siguieron como pudieron el modelo del Gesú de Roma (1568-1584) de Jacopo Barozzi de Vignola, reconocida como la iglesia de mayor influencia en los últimos cuatro siglos, pues el conocimiento de los religiosos de lo que pasaba en Europa, pese a no ser arquitectos de profesión, era por supuesto mucho mayor que el de nuestros alarifes locales. Además el proyecto de Vignola para el Gesú no solo es una versión mejorada del de Alberti para San Andrea en Mantua (1472-1494) sino que, como todas las iglesias de la Contrarreforma, se basa en una tipología manierista anterior más compleja pero poco estudiada y con múltiples variantes locales.

En la Nueva Granada, y sobre todo en el sur occidente, sólo se incorpora lo barroco a finales del siglo XVIII y no como una respuesta a un modelo formal. No se integra arquitectura y ornamentación como en Perú, México o Brasil, y aparte de una exageración “barroca” en la escala de algunos edificios, en general se reduce a un cambio en la forma de piederechos, zapatas, bolillos y molduras, y sobre todo a tapar los viejos murales con nuevas pinturas y cubrir los artesonados mudéjares con forros de madera a los que se les ponen florones dorados. Son decoraciones superpuestas a los volúmenes, cosa por lo demás propia de estas dos arquitecturas tan diferentes, pero que comparten la ornamentación abundante y continua por planos, lo que lleva a una interesante fusión: un mudéjar con ornamentaciones barrocas.


Posteriormente si se copia pragmáticamente el modelo lejano e inaccesible del Gesú, pero en otro tiempo, paisajes y circunstancias. Como en la nueva San Francisco en Cali, donde hay elementos de la fachada rechazada de Vignola como de la que realizó su seguidor Giacomo della Porta. Mas ateniéndose sólo a la fecha se lo confunde con el neoclásico, del que si se toman pilastras y columnas pero apenas como decoración y no también estructurales como lo exigía dicho estilo. Nuestro barroco terminó siendo una estética a la que se regresa en la arquitectura republicana y la moderno historicista de principios del XX. Incluso Rogelio Salmona evoca a Borromini en sus complejas composiciones espaciales de curvas y contra curvas (barrocas) que funde con recorridos rectos y acodados y el uso de atarjeas, calados y celosías (mudéjares) como en un silogismo.

Columna publicada en el diario El País de Cali 09.04.2009 

14.09.2006 La democratización de la arquitectura

Contrario a lo que decía Churchill de la democracia (el menos malo de los sistemas políticos), lamentablemente la democratización del diseño profesional a lo largo del siglo XX ha producido en el mundo lo menos bueno de su arquitectura. Y a veces lo mas malo, sobre todo cuando finalmente las tradiciones vernáculas desaparecieron casi del todo y cada vez fue menor la sabiduría de los dirigentes. Especialmente en este país, con su cultura centrada solo en la literatura y ahora en el espectáculo. Y donde la ignorancia, gusto y dinero abundante e ilegal de las nuevas clases emergentes, debido a la penalización inútil, corruptora y generadora de violencia de las drogas, han penetrado nuestras tradiciones y comportamientos afectando no solo su política, economía y sociedad si no tambien su arquitectura y sus ciudades

Y no solamente la práctica de la arquitectura si no incluso su enseñanza. Tambien ha significado la triabilización de su difusión masiva, siguiendo las tendencias frívolas de la publicidad y la moda, en revistas de decoración comerciales que aquí terminaron por reemplazar las de arquitectura. Fotografías maquilladas que hacen aparecer los cielos mas azules de lo que rara vez son, eliminación total de los contextos urbanos de los edificios, muebles y objetos de almacén prestados para sesiones de fotografía en las que se elimina todo vestigio de la vida real, ausencia general de planos o apenas alguna planta elemental, y textos insulsos de mera promoción. Y en medio de tanta ligereza y revueltas con tanta imagen tramposa, las excepciones, que no son pocas, difícilmente cuentan.

Es urgente recomponer la relación de los usuarios comunes, ya no con los constructores, como antes, sino con los nuevos profesionales de la arquitectura, cada vez mas numerosos en el país. Papel que hace medio siglo, desde los Upacs, han usurpado los negociantes de la vivienda siguiendo el mal ejemplo de esas multinacionales que nos dicen que es lo que necesitamos y que nos debe gustar, al punto de ser consideradas por Konrad Lorenz (Decadencia de lo humano, 1985) una de las verdaderas amenazas a la humanidad, junto con la superpoblación y el uso de combustibles de origen fósil. Y habría que añadir el daño que los edificios innecesariamente grandes o repetidos idénticos y mal emplazados le hacen a las ciudades, y su irresponsable derroche de energía y agua potable.

Igual que con la ecología, habría que enseñar desde el colegio unas mínimas nociones de arquitectura, urbanismo y urbanidad, y generalizar su debate abierto y permanente como sucede exitosamente en otras partes. Democratizar su conocimiento. Esto les permitiría a nuestros muy recientes ciudadanos disfrutar mas la vida urbana, usar mas eficientemente sus ciudades y defenderlas, pues hoy hacen justamente lo contrario. Debate en el que los artículos en la prensa sobre arquitectura y las ciudades, los programas de televisión (algunos muy buenos se pueden ver ya en Colombia) y las exposiciones sobre el tema, juegan un importante papel. Como las dos muestras abiertas por estos días en La Tertulia, que sin proponérselo ilustran palmariamente mucho de lo dicho arriba.

Columna publicada en el diario El País de Cali 14.09.2006 

08.06.2006 La discusión del gusto

“El que es bello es amado”, nos recuerda Umberto Eco (Historia de la belleza, 2002) pero Leon Battista Alberti ya insistía en el siglo XV en que la belleza no es una cuestión de gusto personal sino regida por cosas como las matemáticas y la razón (Daniel Boorstin: Los creadores, 1994). Sin embargo, como afirma Jean-Pierre Changeux (Razón y placer, 1997), la evolución del gusto, como la del arte o las creencias, no progresa aunque incorpore avances científicos y tecnológicos o se refiera a ellos. Además, como dice Giulio Carlo Argan de la obra de arte (La Historia del Arte como Historia de la Ciudad, 1984), el gusto tambien sucede en el presente.

Sin embargo es difícil de definir en mensajes que probablemente asumen otras funciones en un contexto social dado, advierte Eco (Apocalípticos e integrados, 1965). Pero el hecho es que estamos rodeados por una inundación de sonidos y formas no naturales, que se producen con fines que, como dice Gilo Dorfles, no podemos dejar de llamar "estéticos" pero cuyo "valor" es extraordinariamente dudoso; todo un inmenso territorio de seudo arte que crece al lado de lo que hasta hoy se consideró arte verdadero (De las oscilaciones del gusto, las estratificaciones del gusto y el problema del Kitsch, sf). Es el “mal estético supremo” del que habla Milan Kundera (El telón / Ensayo en siete partes, 2005).

La acepción moderna de “kitsch” aparece en Munich hacia 1860 y se difunde paralelamente al bienestar burgués y el consumo de masas, dice Juan Antonio Ramírez (Medios de masas e historia del arte, 1976). Designa objetos o productos “inútiles” revestidos con un baño “artístico” y destinados a un consumo masivo e indiscriminado. La segunda mitad del XIX, fue el período del Eclecticismo, de los falsos Barrocos, Renacimientos y Góticos. De la ornamentación más no de la belleza nos recuerda Hermann Broch (Poesía e Investigación, sf), pero admite que “sin una gotica de kitsch, sin un poco de efecto, no puede haber arte alguno”

Confundimos lo cursi (el que presume de fino y elegante sin serlo; lo que con apariencia de elegancia o riqueza, es ridículo y de mal gusto) con lo kitsch, pero este no es simple mal gusto y hay que afrontarlo con los mismos instrumentos de la historiografía del arte. Como apunta Ramírez, “en el arte todo es legítimo. O debería serlo. El sentimentalismo y la reciedumbre, lo simple y lo recargado [...] El arte no es un coto cerrado e inaccesible amenazado por la invasión del “mal gusto” […] Las jerarquías no existen a priori, aunque podamos luego establecerlas arbitrariamente”.

De otro lado, las diferentes culturas no solo hablan diferentes lenguajes sino que habitan diferentes mundos sensorios (Edward T. Hall: La dimensión oculta, 1966), y la tamización cultural selecciona lo que se percibe a través de los sentidos evidenciando unas cosas y ocultando otras. Los usos que el hombre hace del espacio en ciudades y edificios son manifestaciones de este proceso de selección cultural que da forma al gusto participando de un moldeamiento mutuo. Pero a pesar de que la discusión del gusto no es nueva, entre nosotros ha sido casi inexistente. No es de “buen gusto”.

Columna publicada en el diario El País de Cali 08.06.2006 

29.08.2002 La arquitectura en el diván

A la memoria de Clarita Gómez de Melo


Bruno Zevi afirma (Architectura in nuce, 1964 ) que todo gran arquitecto es un gran poeta. Lo cierto es que la arquitectura, como la música y la poesía, se compone, no se dibuja. Mientras en el dibujo, el dibujo mismo es su fin, en la arquitectura, como en la pintura y la escultura, solo es un medio para visualizar su composición.       

La arquitectura, la pintura y el dibujo son consideradas, con la escultura y la cerámica, artes plásticas por definición pese a lo diferentes que son. La realidad es que apenas comparten el trabajar con formas, luces y sombras (las de la arquitectura se mueven o desaparecen) y colores, tonos y texturas que se ven. Pero mientras el espacio en la pintura y el dibujo es una ilusión visual en la arquitectura se trata de un ambiente real que también suena, se toca, huele y cambia de temperatura; y que casi que es la arquitectura misma.

La arquitectura y la escultura trabajan con volúmenes y espacios. La gran diferencia es que el espacio arquitectónico se recorre y se vive (a la escultura si acaso se le dan vueltas); y que la construcción del más elemental edificio es muchísimo mas compleja que la de la más elaborada y grande escultura. Además los espacios y volúmenes de la arquitectura están ineludiblemente ligados al suelo por la gravedad, y a un paisaje que cambia con las estaciones, al paso del día, al salir el sol y a la entrada de la noche, con la lluvia y el viento; y, sobre todo, en la ciudad, la arquitectura esta encadenada a las otras construcciones que conforman sus espacios urbanos.

La gran arquitectura sería a la edilicia como la poesía a la prosa. En ella la forma es mas importante que la función. Un ejemplo extremo son las pirámides de Gizeh, que si no fuera por su descomunal tamaño, que califica el paisaje, y de qué manera, serían solo esculturas... enormes monumentos funerarios.

Los grandes arquitectos, como los poetas, sacrifican una función para pulir una forma. Pero, desde luego, en la prosa también hay belleza y hasta "poesía", sin embargo, en ella lo importante es lo que se dice. El ejemplo extremo es un informe técnico o, mas aun, científico (aunque los matemáticos hablan de simetría y belleza). En la arquitectura común, como en la buena prosa (la novela o el ensayo, por ejemplo), cómo se dice lo que se dice, en un caso, o que es lo más adecuado para que se pueda construir y funcione un edificio, en el otro, es de igual importancia que la forma misma. En ambas, arquitectura común y buena prosa, forma y función son inseparables: son como dos caras de la misma moneda.

Se podría decir simplemente que la arquitectura es una edilicia que emociona, pero parte de esa capacidad de emoción se debe a su implantación en un sitio con geografía e historia; además debe ser construible. A la forma y la función se agrega, pues, la estructura y la implantación, ya sea en las ciudades o en el campo. La forma puede seguir a la función, como dijo Luis Sullivan, pero también puede ser lo contrario. Sin embargo la arquitectura se ha logrado solo cuando son inseparables forma, función, estructura e implantación, sin importar cual fue primero o dominante. Y puede haber sido trazada por un simple constructor, diseñada por un arquitecto o proyectada por un gran arquitecto.

Arquitectura, dibujo, pintura, escultura, fotografía, cine, opera, poesía, música y danza: es divertido compararlas; y es esclarecedor hablar en voz alta de ellas: como en un psicoanálisis. Tan difícil definir la arquitectura...y tan fácil, pero preguntarse que es la arquitectura sería como preguntarse que es la vida: una pregunta inútil dice Karl Popper pues lo importante para él eran los hechos. Hechos que, en este contexto, son los edificios y sobre todo las ciudades que conforman. En ellas hombres y mujeres mueren pero su recuerdo, más que sus tumbas (que fueron las que dieron inicio a la arquitectura), queda.

Columna publicada en el diario El País de Cali 29.08.2002

11.10.2001 Poder, gusto y arquitectura (I)

En las sociedades primitivas el gusto de los individuos se confundía con el de sus clanes y tribus; su arquitectura vernácula era solo una artesanía más. Cuando surgen las clases dominantes hay un gusto aristocrático, al que el arte hace saltar barreras, y otro campesino que mantiene lo tradicional. Con la aparición de las ciudades, “donde el aire libera”, surge uno burgués y uno popular que lo imita. Pero es con los imperios que se establece, como política de estado, el gusto oficial. Desde Mesopotamia y el Antiguo Egipto pasando por Grecia y sobre todo por el Imperio Romano, y el Islámico (que tocó fuertemente a América con el mudéjar), hasta llegar al American way of life, la historia del gusto se confunde con la del gusto oficial; y cuando el poder de los commitanti  fue total, la imposición de su gusto también.

El primero, conocido, fue Amenofis IV (1370-1350 a.C.) que después de 3.000 años en los que el arte egipcio varió muy poco, abandonó Tebas y el politeísmo. En el corto reinado de Akhenaton, como se llamó a sí mismo en homenaje a su nuevo y único dios, Atón, representado por el disco solar, se produjeron en la corte de Tell El-Amarna, como hoy se conoce la ciudad a la que trasladó la capital del imperio, algunas de las obras maestras de la humanidad. Como los bustos del joven rey (el del Louvre) y el de su esposa la inolvidable reina Nefertiti (en Berlín). No se sabe si es del maestro escultor del rey, Thutmosis, aunque estaba en su taller, y probablemente tan sólo sea un modelo para sus retratos oficiales; de ahí el extraordinario realismo de una belleza exquisita que comienza a perder su juventud según indican las ligeras arrugas en las comisuras de sus finos labios. También quedaron las muchas y magníficas piezas de la famosa tumba de su yerno y sucesor Tutakanmón. Según Ernest Gombrich, esta reforma artística fue posible por la importación de Creta de obras menos conservadoras y rígidas que las egipcias. La maat   “verdad” del rey fue interpretada por sus artistas como “realismo” y “vida”.

Después de Carlo Magno, en Aquisgran, el gusto fue el de Dios pero también el de Allah. Con el Renacimiento de Papas, Príncipes y Reyes aparece Hispanoamérica, de la que Fernando Chueca Goitia dice que “el Cristianismo, el Idioma y la Arquitectura son los tres grandes legados que España ha dejado en este vasto continente" marcándolo con una huella indeleble. Es el Imperio de Felipe II, donde nunca se puso el sol. El rey Prudente, mecenas de empresas intelectuales, encarga a Juan de Herrera la construcción de ese “otro templo de Salomón”, como fray José de Sigüesa llamó al palacio-monasterio de El Escorial. La arquitectura de Herrera -anota Chueca Goitia- “es el intento de imponer un estilo oficial, suprarregional y unificador.” Luis XIV, que igual hubiera podido afirmar “Le Gout c´est moi!”, necesitó también un escenario para él y su corte: “Con él sólo importa la grandiosidad, la magnificencia y la simetría” decía madame de Maintenon, su última favorita y esposa secreta. El pintor Charles Le Brum fue el supervisor de todos sus proyectos artísticos, y Louis Le Vau el arquitecto encargado de remodelar el viejo pabellón de caza de Luis XIII; André Le Notre diseñó los jardines. Los tres habían trabajado para Nicolás Fouquet en Vaux-le-Vicomte cuya belleza fue la inspiración para el rey y la desgracia de su ambicioso ministro de finanzas.              

El incomparable Castillo y Parque de Versalles fue la razón, junto con las operas de Wagner, para que Luis de Wittelsbach, construyera a fines del XIX el famoso Jardín de Invierno de la Residenz de Munich y los castillos de Neuschwanstein, Herrenchiemsee, y Linderhof, al que bautizó “Meicost Ettal”, un anagrama de la famosa afirmación del Rey Sol: "L'Etat cet moi". En ellos el “rey loco” vivió su vida como de película (Luchino Visconti la filmó) y Waltt Disney se basó para su Castillo de la Cenicienta, cerca a Orlando, en la Florida. Luis II de Baviera quería hacer dos palacios más, uno bizantino y otro chino y un castillo gótico; fue el final de la Bell Epoque, que sucedió al Ancien Régime, y el inicio del kitsch.               

Columna publicada en el diario El País de Cali.  11.10.2001

18.01.2001 Poder, gusto y arquitectura (II)

Los revolucionarios franceses lo fueron poco en arquitectura: solo se les ocurrió recurrir al estilo imperial romano, en una versión teatral y recargada, pues supuestamente expresaba las virtudes de la vida republicana. Como dice Marx: “...en tales épocas de crisis revolucionaria se evocan angustiosamente los espíritus del pasado para ponerles a su servicio; se toman prestados sus nombres, sus consignas, sus costumbres, para representar con este viejo y venerable disfraz y con este parlamento tomado en préstamo la nueva escena de la historia.” Gusto divulgado, con tantas otras cosas de la Gran Revolución, por el Imperio Napoleónico y que por supuesto pronto imitaron los revolucionarios hispanoamericanos, que por iniciativa de Francia pasaron a ser latinoamericanos. Su arquitectura neoclásica, sin embargo, solo la pudieron poner en práctica a finales del XIX y pronto fue reemplazada por otra que parecia moderna y, después de la II Guerra Mundial, norteamericana.

Hitler, ese diabólico arquitecto frustrado, amante también de Wagner, que reemplazó la muy moderna Bauhaus por el historicismo neoclásico de Albert Speer y su teoría de las ruinas, ordenó sin embargo la destrucción de París -Versalles incluido- frustrado por la imposibilidad de que su arquitecto remodelara la capital del Tercer Reich para que lo que quedara de ella durara mil años más. “Berlín es una gran ciudad, pero no una ciudad cosmopolita [...] Tenemos que superar a París y Viena” le diría a Speer no mucho antes de convertirlo en su ministro de armamentos y posteriormente de la industria, en donde su gran eficacia como organizador hizo durar la guerra, según muchos, dos años más. “La de Hitler fue la primera dictadura de un Estado industrial en los tiempos de la técnica moderna...” se defendería Speer en Nuremberg.

Stalin purgó (también) el moderno constructivismo e impuso el realismo socialista. Los jóvenes maoístas, bajo el mando de "la banda de los cuatro" prohibirían a Shakespeare, Beethoven o Picasso con la misma lógica simplista y tremenda con que invirtieron los colores de los semáforos, convencidos de que se podía amordazar el arte. En Camboya, para que no quedara duda del odio de los Khmer Rouge por la cultura de las ciudades (pensaban resolver su milenario antagonismo con el campo suprimiendolas), Pol Pot abandonó a la selva los maravillosos y antiguos templos de Angkor e hizo desmantelar su catedral francesa. Los Talibán, con su cultura machista, violenta, oscurantista y dogmática, bajo la férula del Mullah Mohammed Omar, destruyeron los milenarios y altísimos Budas de pie, tallados en la roca en el siglo IV o V, en el valle de Bamiyán en Afganistán. Y desde luego lo de las Torres Gemelas, al contrario del Pentágono, no fue solo contra el Gobierno y los militares de Estados Unidos.

 Alemania unificada, y democrática ahora si, ha retomado la empresa de superar a París esta vez con la ayuda de arquitectos de muchas partes, como Sir Norman Foster, Premio Pritzker de 1999, quien ganó el concurso internacional para la remodelación del viejo y destruido Reichstag, reinaugurado hace más de un año en Berlín. En Bilbao los inversionistas descubrieron (una vez más, después de Barcelona y Sevilla) el poder de la arquitectura, para convertir su viejo enclave industrial en una nueva ciudad terciaria y del tiempo libre, sin destruir su casco tradicional, mediante el trabajo de famosos arquitectos, también de todas partes, incluido Frank Gehry tambien Premio Pritzker.

Como dice Ernest Gombrich: “Toda generación se rebela de algún modo contra las convenciones de sus padres; toda obra de arte expresa su mensaje a sus contemporáneos no sólo por lo que contiene, sino por lo que deja de contener.” En Colombia cada generación, con una actitud light, rechaza los gustos y costumbres con los que creció pero aunque no logra nuevos contenidos -no pasa de imitarlos- si abandona, como vejestorios, las auténticas pocas y viejas tradiciones de su vapuleada cultura; o las vulgariza, tergiversa y mal interpreta; o las embalsama, hasta acabar con ellas...conservándolas como nunca fueron y como no sirven.

Columna publicada por el diario El País de Cali. 18.10.2001