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09.04.2014 El embrollo de la enseñanza

La arquitectura la enseñan cada vez mas profesores teóricos, lo que está bien, pero no también practicantes de la arquitectura, lo que está mal. Y en el taller de proyectos, en el que debe se debe sintetizar todo, se insiste en (supuestamente) hacer proyectos en lugar de practicar ejercicios, pero ni siquiera se simulan clientes, promotores, presupuestos y normas, y se realiza apenas uno por semestre, o sea que se practica muy poco. Cada vez hay menos profesores que ejerzan independientemente el oficio y mas escuelas, y ya no hay suficientes arquitectos importantes que enseñen, como antes, y toca concentrarse en el estudio sistemático de las obras mas relevantes y pertinentes para cada ciudad, como es notoriamente el caso de Hispanoamérica.

Pero pretender analizar un edificio sin vivirlo o siquiera conocerlo, como se suele hacer en las escuelas de arquitectura, es por lo menos incompleto. Y por eso hay que primero conocer ciudades, al menos un par al semestre: La Habana, Cartagena, Portobelo, Puerto Cabello, Mompox, Santa Fe de Antioquia, Barichara, Bogotá, Popayán, Quito, Panamá, Buenaventura. Brasilia, Paris, Barcelona y Berlín; y la Alhambra y Santa Fe…y Nueva York y Caracas y Bogotá. Y principiar por la propia, que suelen ser tan desconocidas. Así se entenderá eso de clima, paisaje y tradición, de que hablaba Le Corbusier (Oeuvre complete 1938-46, 1955 ), y que en los Andes hay que agregar lo de la topografía, tan definitiva en sus ciudades recostadas a altas cordilleras.

La Habana, Cartagena, Portobelo y Puerto Cabello, ciudades fortificadas, muy posteriores a las europeas, muestran como fueron las ciudades coloniales de los siglos XVII y XVIII en el Caribe. Mientras Mompox, Santa Fe de Antioquia, Barichara, Popayán o Quito, ilustran las ciudades de manzanas cerradas y casas de patios del Siglo XIX en el interior de los Andes; y Panamá, Buenaventura o Guayaquil como son las del Pacifico. En Paris y en el Ensanche de Barcelona se pueden ver las reformas urbanas del finales del siglo XIX e inicios del XX, y Brasilia es la única ciudad de verdad moderna. Y en Berlín la primera Interbau, IBA, (1957) se inspira en la arquitectura y urbanismo modernos, mientras la segunda (1979-1987) vuelve a lo tradicional, además de mostrar la importancia de un gran parque central, como el de Nueva York o el de Caracas o el de Bogotá.

Finalmente, de Granada y su Alhambra en lo alto, y de la “bastida” (construcción reciente) de Santa Fe, el campamento militar levantado por orden la Reina Isabel la Católica en 1482 cerca de la ciudad sitiada, viene casi toda la tradición de las villas coloniales de lo que fue la Gran Colombia, de cuya arquitectura y urbanismo tanto hay que aprender. Y no solo por su sostenibilidad, contextaulidad y facilidad de crecimiento, hasta volverse ciudades, basado en calles ortogonales que limitan manzanas cerradas con casas entre medianeras, de medios patios y solares, de las que Brasilia es, a otra escala, la antitesis con sus “súper cuadras” y edificios exentos. Ciudades tradicionales que se adecuaron a diferentes climas, topografías y paisajes, generando una tradición, que se abandonó por el afán de ser “modernos”.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 09.04.2014

19.01.2014 ¿Confusiones?

Cuando se les pregunta a los estudiantes de arquitectura, de qué se trata y por qué escogieron dicho programa, la mayoría guarda prudente silencio y prefieren olvidar lo que contestaron (como si lo supieran) en la entrevista de ingreso a la universidad. Los pocos que osan decir algo no pasan de repetir pedazos de medias verdades que han oído, o aventurar sandeces completas. Y las razones por las que sólo algunos dicen por qué escogieron arquitectura son sorprendentes, como por ejemplo decir que les gusta, pasando por alto nada menos el que no saben explicar que es lo que les gusta. En pocas palabras, la gran mayoría no sabe por qué están estudiando algo que no saben con certeza qué es, lo que no deja de ser perversamente congruente entre sí y con lo que se les esta “enseñando” y construyendo … y ¡destruyendo!

Pero lo que mas preocupa es que muchos profesores se lavan las manos citando fuera de contexto algún comentario brillante de algún arquitecto conocido, pues a la mayoría unas pocas palabras sencillas y precisas no les parecen suficientes para algo tan complejo como sin duda puede llegar a ser la arquitectura. Aunque desde luego hay no pocas notables excepciones que sí se atreven a dar una corta definición y que son maestros por vocación, pero son una minoría que poco se hace notar por fuera de su respectiva torre de marfil. Al fin y al cabo, como decía el maestro Antonio Roda de los pintores, arquitectura es lo que hacen los arquitectos, en lo que por supuesto habrían estado de acuerdo Marcel Duchamp y Ernest Gombrich, para quien el arte no existe; solo los artistas (Historia del arte, 1950).

Antes decían los diccionarios que es el arte de construir edificios, y ahora agregan que también es el de proyectarlos, y desde luego lo son los edificios mismos. Incluye la civil, la de los edificios y monumentos públicos y particulares, la religiosa, la de los templos y tumbas, y la vernácula de los campos y la popular de las ciudades, que se hacen sin arquitectos. Pero también está la militar, que es la técnica de las fortificaciones, y la naval que es la de construir (y diseñar, debería decir el DRAE) embarcaciones. Y arquitectura también es la estructura lógica y física de los componentes de un computador, que es lo mismo que se puede decir de un edificio pues su estructura no es solamente la que le sirve de soporte, sino igualmente la distribución de sus partes y el orden con que está compuesto, como en un poema.

Es sintomático que no podamos decir con precisión y sencillez que la arquitectura es la técnica y el arte de proyectar espacios para la vida humana, principalmente interiores, como insistía Bruno Zevi (Architectura in nuce, 1964), según los diferentes climas, paisajes y tradiciones, como pedía Le Corbusier (Oeuvre complete 1938-46, 1955). Sobre todo porque lo que se generalizó en el mundo fueron apenas las formas, trivializadas, de los mas destacados arquitectos modernos, independientemente de los muy diferentes lugares en los que se emplazaron los nuevos edificios. Las imágenes sustituyeron a las ideas, como dice Vargas Llosa (La civilización del espectáculo, 2012), y en muchos casos se pretendió (como en Cali) reemplazar todo lo anterior, que es lo que aquí en muchos talleres de proyectos se sigue enseñando.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 19.01.2014

22.11.2012 Genios, no

“No son genios lo que necesitamos ahora” clamaba hace medio siglo el reconocido arquitecto catalán Jose Antonio Coderch (Domus, 11/ 1961), poco antes de que comenzaran las décadas de la muy buena arquitectura en España, como la estimaba Wiliam Curtis (Una perspectiva histórica/España durante los ochenta.  A&V Nº 24, 1990), la que lamentablemente terminó en lo que Coderch temía, y que ahora que ya no la quieren ni pueden allá nos la quieren imponer aquí.

            De ahí que sea urgente formar buenos diseñadores de edificios y no “estimular” genialidades. Por esta fatal equivocación, generalizada con la proliferación de nuevos programas de arquitectura en el país, y la carencia de buenos profesores, nuestras ciudades se han vuelto colchas de retazos. Todo se diseña sin ética profesional como si fuera único por los que se creeen genios de la estética, y no como discretas partes de ciudades, que siempre habían tenido apenas unos pocos monumentos.

            En muchos de los ejercicios de proyectación en las escuelas de arquitectura la ciudad no existe, solo edificios caprichosos y descontextualizados, las mas de las veces, pues no parten de unas determinantes previas. Es mas, apenas se ven sus imágenes en dos dimensiones, que se valoran como si fueran dibujos en lugar de ser “leídas” como representaciones de espacios y volúmenes, y las maquetas mas parecen “bonitos” objetos, y  se ven desde arriba como nunca se ven edificios ni ciudades.

            A los estudiantes se los pone a hacer lo que buena parte de sus profesores raramente practica, en lugar de enseñarles como se diseñan edificios. Pero por supuesto sólo es posible enseñar lo que se sabe, y en el caso de un oficio, como lo es proyectar edificios que conforman ciudades, solo se sabe lo que se practica, y a partir de dicha práctica, ahí si, teorizar, pero partiendo de lo local, en lugar de ignorarlo como si se tuviera vergüenza de lo propio.

            Hay que enseñar métodos de diseño, como lo es  seguir una tipología modular ya sea de planta central, a naves o atrial -las únicas maneras de conformar geométricamente un espacio-, y sus combinaciones y variaciones. Crear nuevas formas a partir de analogías con un modelo ejemplar en su emplazamiento, función, construcción o forma. O aplicar un canon de disposiciones y patrones. O una combinación de métodos según lo pertinente para cada proyecto.

            La “caja negra”, una (supuesta) espontaneidad o inspiración, es mas propia del arte que de la arquitectura, que también lo es, pero no únicamente, aun que sea lo que la diferencia de la construcción, y por eso está presente en ella de alguna manera, pero en ningún caso debe ser el único punto de partida. Al menos hay que dudar con el cerebro de los impulsos del corazón, y enseñar a dudar de lo que se enseña, como dicen que recomendaba José Ortega y Gasset.

            Finalmente, la historia de la arquitectura, que nutre todo proyecto pues la arquitectura, en tanto arte, también es histórica, tendría que partir de la nuestra actual y seguir hacia atrás sus transculturaciones e influencias, al tiempo que sus adelantos en tanto técnica. Y no apenas los estilos, autores y fechas propios de la historia del arte, y por supuesto, además de las tradiciones, tiene que comenzar por la geografía en la que se desarrolla, sus climas y paisajes.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 22.11.2012


25.10.2012 Una historia

Como lo recuerda Orhan Pamuk, Nietzsche pensaba que antes de hablar de arte se debe intentar crear una obra de arte (El novelista ingenuo y el sentimental, 2010, p.142), y mas adelante dice que cuando los novelistas se embarcan en un libro nuevo se sirven de la experiencia acumulada, pero al tiempo están solos como al inicio de su primera novela. Lo mismo se puede decir de la arquitectura, aunque cabe afirmar que analizar a fondo cómo se origina un proyecto sería incluso mejor que intentar hacerlo. Nuestras casas de hacienda, por ejemplo, vienen de la «almunia» (al-munya), de al-Ándalus, una casa de campo rodeada de jardines y  tierras de labor, que era, al mismo tiempo, finca de recreo y de explotación (B. Barney y F. Ramírez, La arquitectura de las casa de hacienda del Valle del Alto Cauca, 1994).

            Nuestra casa colonial, por su parte, en su versión de medios patios y solar, en manzanas cerradas, como en San Antonio en Cali, viene de la casa romana organizada alrededor de un atrio descubierto en cuyo centro hay un impluvium. Un estanque como en los carmenes de Granada, que son una casa quinta con vergel, que vienen de los templos egipcios. Su sala hipetra, rodeada de columnas, es un patio porticado, inmediatamente posterior a los pilonos de la entrada, a la que podía acceder el pueblo, y anterior a la sala hipóstila, bajo columnas, de cubierta plana sostenida por estas (R. H Wilkinson, The Complete Temples of Ancient Egypt, 2000); un “oasis” cuyas altas aberturas para su iluminación cenital llevan al clerestorio de las catedrales medioevales. A ella tenia acceso solo la aristocracia, y estaba antes de la cela, el santa sanctórum reservado al faraón y los sacerdotes.

            Por eso hay que aprender a analizar edificios antes de intentar enseñar a proyectarlos, conociendo sus arquetipos para encontrar una voz propia a partir de la propia antigüedad (J. S. Ackerman, Palladio, 1966);  a partir de la geografía e historia propias y no copiando de revistas y bienales lo de moda. Y el análisis de un edificio hay que hacerlo enfrente del mismo, como el de una obra de arte pues la del arte es la única historia que se hace enfrente del hecho mismo (G. C. Argan La Historia del Arte como Historia de la Ciudad, 1983), y de los edificios interesa su presente y su futuro y no apenas su pasado. Pretender analizarlos sin vivirlos o siquiera conocerlos en su respectivo contexto, como se suele hacer en las escuelas de arquitectura, es por lo menos incompleto.


            La luz, la penumbra y las sombras, la lluvia, la frescura y el paso del viento, la privacidad, el silencio y el recogimiento, el confort, el placer y la emoción, no se pueden ver sólo con planos y fotografías. Por eso hay que visitar paradigmas locales y, ahí sí, referirlos a la gran arquitectura del mundo…pero también a la vernácula, tan importante y pertinente pero tan desconocida. Además, las malocas indígenas del Amazonas, por ejemplo, representan al universo y todo aquello que sostiene al mundo, así como lo que en él está contenido. Toda esta vieja y larga historia a veces consciente y las mas de las veces inconsciente, producto de búsquedas, encuentros y reencuentros, es la que ha ido tejiendo, cada vez mas completa y rigurosa, el profesor Andrés Erazo Barco en la USB- Cali.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 25.10.2012

09.02.2012 Enseñanza

Para no tener que renunciar como el profesor Jiménez de la Javeriana de Bogotá, sólo los mejores bachilleres deberían acceder a las carreras en las universidades. Los demás que aprendan algo en estudios generales, pues no saben leer y escribir  bien (J. D. Zuluaga El Espectador 19/01/2011). De otro lado, como afirma el Dr. Patiño, ex rector de la Universidad Nacional, la proliferación de escuelas de medicina ha desmejorado su enseñanza, por lo costosa, y en consecuencia su buena práctica (El Tiempo, 02/01/2012). Lo mismo pasa en arquitectura por los viajes de estudio que habría que hacer, pero sobre todo porque no hay un acuerdo en su finalidad, y graduamos cientos de “arquitectos” mal formados, lo que redunda en malas viviendas y ciudades, lo que nos afecta a todos, tanto como la demencia de las FARC.

          Aparte de manejar la geometría, en la arquitectura hay que poder sentir ambientes y ver proporciones para poder proyectar correctamente espacios que se recorren en el tiempo y contienen muebles, mediante dibujos que hay que “leer”. En ellos la incidencia de luz, por ejemplo, hay que inferirla, además de que cambia con los desplazamientos y el paso del Sol. Saber leerla en los distintos ambientes se vuelve así un asunto de experiencia, la que aun no tienen los estudiantes, pues solo se adquiere estudiando y visitando paradigmas. Y que estos sean escogidos por ser edificios seguros, contextuales con su entorno, sostenibles ecológicamente, bien iluminados y ventilados, y sin servidumbres visuales, acústicas y olfativas, eventualmente remodelables, y desde luego bellos y que produzcan emociones.

            Habría que hacer que los estudiantes pongan sombras en sus planos, por la mañana y la tarde, ya que aquí al medio día el Sol está casi vertical a lo largo del año. No ver las maquetas desde arriba, como objetos, y como poco se ven los edificios, y mas vale hacer fotomontajes con ellas en los contextos urbanos de cada ejercicio y a diferentes horas. Y ocuparse no solo de lo visual sino también de los detalles, como dice J. Pallasmaa (entrevista con A. Albeascoa, 2006). Siguiendo a Enrique Buenaventura, que enseñaba solo el teatro que investigaba (J. Vidal, El Tiempo 27/11/2011), se debería usar lo que investigan los profesores para enseñar cómo se diseña, pues ahora suelen ser temas ajenos a la proyectación, o que no se busca relacionarlos con los talleres, pese a que estos deberían sintetizar todo.

            Se repiten tópicos sin cuestionarlos pues muchos jóvenes profesores aun no han aprendido de haber construido lo que diseñan, y los de tiempo completo no pueden realizar una práctica que no es lo que se hace cuando se es bueno, sino lo que permite llegar a serlo (M. Gladwell, Fueras de serie, 2009), y los que practican poco teorizan. Mientras tanto, hay que realizar muchos ejercicios de proyectación, y mucha crítica teórica sobre sus referencias, incluyendo paradigmas locales. E investigar asuntos engañosamente sencillos, pero básicos de la vivienda, el tema principal de la arquitectura, como su iluminación y ventilación naturales y el manejo racional del agua. Es decir, buscar un canon, que es lo que se puede enseñar a los que quieran aprender. En Cali, la nueva maestría en arquitectura de la USB-C sin duda ayudará.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 09.02.2012